jueves, 23 de febrero de 2017

Vidas Capaces


Ayer volví a ver el documental Vidas Diversas y entiendo a medias por qué gente llena de ilusión, ideas, ganas de hacer cosas… tenemos que demostrarlo en un documental porque nuestros vecinos nos ven indefensos, particularmente vivo feliz como cualquier otro individuo, con mis altos y bajos, tengo una familia, amigos, he trabajado en lo que he podido y mi economía se puede decir que está saneada, todo esto sin mucha ayuda por parte de la administración, por eso no entiendo que tenga que demostrarlo,  bien es verdad que desde que, no sé muy bien cómo, me llegó que podía acogerme a un proyecto del Ayuntamiento, gestionado por Ecom, basado en una ayuda en forma de Ayudante Personal, vivo más la vida casi en todos los aspectos, imagino si hace cuarenta años me hubieran ofrecido esta ayuda, no me hubiera comido el mundo pero todo habría sido diferente, me enoja el hecho de que toda aquella persona que necesite un AP no se lo proporcione la administración, me entristece que las familias acarreen con la carga desbordante que supone la merma intelectual, física… de un allegado; recuerdo las imágenes recientes de una madre, bastante mayor, subiendo y bajando las escaleras con su hijo a cuestas, denigrante para un país “desarrollado”.
Volviendo al documental, me hace reflexionar sobre la sociedad, donde todo vale, donde por el hecho de no andar, hablar, ver… te “aísla”, te encasilla en el pelotón de los débiles, en el subsuelo del rol cotidiano, en el umbral de la puerta del trastero, cosa que las personas que protagonizan la peli lo desmoronan.
Como país solidario hemos de acoger y ayudar a personas necesitadas del resto del mundo, pero no hemos de olvidar a los residentes de aquí y Ecom creo que es la enseña de ello, los años que lleva luchando lo avalan, huelga decirlo, sin embargo creo que hay que escribirlo.

La sociedad nos ha de demostrar que sus prejuicios son quimeras inventadas, son visiones aprendidas, son engendros heredados… nosotros no deberíamos tener que demostrar lo capaces que somos, simplemente somos capaces.
A.Hinarejos
23-02-17

lunes, 20 de febrero de 2017

¡¡ USA ARDE !! (NOVELA)


OXIGSOL

¡¡ USA ARDE !!


Mi persona, dispuesta a conocer, se dispone a saltar e océano camino de nuevas e importantes experiencias. Barcelona, ciudad histórica y caprichosa, reúne todos y cada uno de los rincones que mi mente necesita para enriquecer sus funciones biológicas, es por eso que hasta hoy nunca antes surgió la idea de abandonarla ni siquiera con la intención de volver. Con un poco de temor transito por las calles de mi Barcelona camino del aeropuerto del Prat de Llobregat, la calle Aragón se me hace larguísima, el cruce con la Av. Meridiana me recuerda que un día esa vía parecía una autopista, avanzando a la par que el coche que llevo llego al cruce con la calle Marina, despacio, como queriéndome despedir de esas torres de Gaudí tan carasterísticas de esta ciudad, atravieso esos metros de la calle Aragón por donde si uno gira la vista hacia la derecha descubre ese monumento capaz de seguir creciendo con el tiempo, más adelante el paseo de Sant Joan deja al descubierto otro de los rincones al aire libre donde uno se distrae observando el pasado, aquí la mirada la dirigiremos hacia la izquierda, sigo avanzando con mis ideas y mis preocupaciones, el paseo de Gracia me impresiona tanto que, al llegar a las estilizadas palmeras de la plaza del Dr. Letamendi, me doy cuenta que ya lo he dejado atrás. Sin detener mis ilusiones consumo el camino que me falta, sin embargo, ahora lejos ya de mi barrio, un trozo de calles y plazas tan especial como enigmático por su juventud y singularidad: la Verneda. Descubro, o mejor dicho, pienso el por qué no estoy utilizando la Ronda del Litoral para atravesar esta ciudad con tanta personalidad, capaz de mimetizar su estructura urbanística en unos cuantos meses. El romanticismo aflora en mis sienes.
La autovía de Castelldefels, repleta pero fluida, abre los horizontes laterales de mi vista, a un lado la Serralada del Litoral majestuosamente labrada durante siglos abraza con suavidad las laderas del infinito, al otro el Mare Nostrum se intuye bajo el resplandor de un cielo tan antiguo como enigmático, mi mirada perdida enfoca sus casualidades en el retrovisor de mi derecha descubriendo con ilusión que está calcado, como si de una maqueta se tratara, el Tibidabo, esa montaña tan mágica como deliciosa, deslizo la mirada hacia el espejo de la izquierda y una sonrisa asoma a mis labios, evidentemente, como esperaba, allí encuentro dibujada la montaña de Montjuich. Es ésta una montaña tan pequeña que dudo que en la tierra exista alguna con sus dimensiones a la que den el nombre de montaña, sin embargo su historia y sus hazañas sobrepasan con creces este calificativo. Adiós Barcelona, adiós ciudad de ensueño.
Un letrero en el que se lee "Aeropuerto" me indica que si quiero llegar a tiempo he de tomar ese desvío, atravieso el viaducto por debajo, en dirección al mar, enseguida descubro un gran aparcamiento. Una edificación singular y moderna al fondo duerme en el tiempo, ajena a las maniobras, ilusiones y sutilidades, desparramada, devora humanoides con la misma facilidad que los regurgita. Aparco a unos ciento cincuenta metros de la boca devoradora, descargo el equipaje del coche, me cargo cual porteador africano y comienzo la aventura a pie, el sol es pesado pero mi naturaleza no se inmuta, atravieso las fauces del edificio y con la mirada busco un rótulo donde está escrito "Internacionales", con prisas recorro la superficie, un mozo me acompaña hasta donde he de gestionar todo el interrogatorio que representan estos avatares, me deshago de los bultos con placer, en unos minutos comenzaré el viaje que tan intranquilo me ha tenido desde que comencé a gestarlo.
La entrada en el avión, un mamotreto capaz de Transportar “media ciudad“, influye poderosamente en mi subconsciente, una chica morena de pelo, blanquísima de piel, me indica que la siga. Unos segundos más adelante
se para:
-Este es su sitio, que tenga buen viaje.
Me introduzco en el asiento de más hacia la ventana, inspeccionando el ambiente distraigo mis sentidos, el vuelo será un éxito, los asientos van siendo totalmente ocupados, en mi fila y junto a mí, posa sus posaderas una joven catalana, llena de simpáticas pecas:
-Es mi primer viaje sola.
Dice dirigiéndose a mí en un momento que yo la miro. La fortaleza de los motores se siente bajo los pies y al mismo tiempo la nave comienza a desplazarse con lentitud, giro la cabeza y el ala derecha del avión me impide ver la pista por donde ha de elevarse el mastodonte, una azafata intenta relajarnos orientándonos con sus movimientos de cómo y cuando hemos de utilizar chalecos y cinturones, poco a poco con una fuerza impresionante vamos elevándonos hacia el cielo completamente despejado. El mar, la ciudad, unos segundos de impresión individual repreta cada uno de los cuerpos, como si de un salto de trampolín se tratara, el último rincón conocido quiero creer que es Montserrat, después tierra y más tierra. Es interesante volar, es vano aquel pensamiento que me prohíbe disfrutar del progreso, unos auriculares me permiten seleccionar la música que me interesa, Devorak suena sin interrupción, estoy extasiado a través de la mirada y el oído. Qué saturación de felicidad!
La chica de mi lado me pide si le cambio el asiento por unos minutos, accedo complaciendo su deseo, entusiasmada devora cada uno de los segundos, con la mirada busca aquí y allí.
-Un río! -grita- Un castillo, un pueblo!
-Es maravilloso contemplar desde aquí tanta hermosura junta -termina diciendo.
La península se recorta como en un atlas, el océano abre sus misterios para acogernos sobre sus inmensidades, en unas horas estaremos cabalgando sobre la tierra más dispar del universo. Una azafata se apodera de casi toda la atención del pasaje, acarrea consigo un carro repleto de bandejas, ordenadas y organizadas, cada una de ellas contiene el sustento que ayudar a realizar un viaje perfecto, una de las bandejas la deposita sobre mis piernas, al destaparla quedan al descubierto una serie de viandas todas ellas apetitosas, comienzo a degustar mi ágape particular, el tiempo de vuelo ha quemado las calorías suficientes, un murmullo típico de cualquier restaurante se apodera del habitáculo donde viajamos. La joven que comparte el asiento doble conmigo m s que alimentarse florea cada uno de los platos con curiosidad. Desvío la mirada hacia el exterior y presencio uno de los espectáculos más... más... El aparato se introduce a través de las formas y detalles que mi mirada contempla ensimismada, un fuerte chasquido desdobla mis neuronas y mi pensamiento se queda completamente paralizado, a mi alrededor es imposible dibujar nada ni a nadie, el avión y el pasaje no existen, los segundos de confusión se proyectan en mis recuerdos, lucho por seguir, los detalles se me escapan, el infinito está a mis pies, abro la mano izquierda, quiero salir del espectáculo para poder contemplarlo desde fuera, todo son ilusiones; el poder, del cual mi mente está presa, es superior a cualquier doctrina o razón. Un golpe de conciencia hace desaparecer todo el entramado y la ficción, me contemplo con lentitud, veo el personaje que conozco desde que tengo una idea clara de la vida, una figura desfigurada por el vestido, lo único mío y que puede decirme si soy yo no alcanzo a verlo, la cara, me dirijo con un poco de susto a mi compañera de sillón doble:
-Perdona. ¿Tienes un espejito?.
Un tanto aturdida comienza a buscar en un bolso que lleva colgado del apoyabrazos de la butaca, sin articular palabra alarga su mano izquierda con un simpático estuche, lo agarro con fuerza, mi mente está saliendo de un esfuerzo titánico, abro el complicado mecanismo y queda al descubierto un espejo típico de bolsillo, enfoco mi mirada en él con la intención de constatar mi autenticidad, mi cara al menos es mía, pienso. Busco entonces con la mirada al resto de compañeros de aventura y los encuentro en sus sitios como si tal cosa, incluso alguno todavía sigue comiendo, la chica de mi lado en este momento me interroga:
-Tu has vivido lo mismo que yo?.
-Pienso que sí y toda esta gente también, lo que pasa es que muchos han de llenar el estómago para recuperarse.
El viaje continua. Por los altavoces, a los diez minutos, se oye la voz de un hombre y con señales claras de una tensión estremecedora, dice:
-La nube de verano que acabamos de atravesar les habré afectado, es una de esas nubes a las que uno no debería entrar nada más que en las películas. El trayecto continua, dentro de hora y media tomaremos tierra, aprovecho la coyuntura para saludarles en mi nombre y en el de toda la tripulación.
Con los botones voy seleccionando la música que en este momento me gustaría escuchar, la banda que se ocupa de emitir canciones roqueras es la que dejo abierta, los auriculares impiden que el resto de pasajeros sean
"espectadores" forzosos, el día está claro, de vez en cuando un barco distrae mi atención o algún avión militar dibuja sobre nosotros su estela de humo, falta poco, pero suficiente para que todavía no se vea la tierra del otro lado del Atlántico, la joven catalana distrae sus pensamientos intentando rellenar el crucigrama que viene impreso en el periódico que nos entregó una de las azafatas, la tranquilidad ahora se respira, alguien cerca de donde estoy situado duerme con espontaneidad, dos o tres asientos más adelante se oye llorar a un niño, puedo comprobar que predomina la lengua catalana entre las gentes, un singular personaje llama mi atención, es una mujer joven, no puedo afirmar su nacionalidad, está sentada en el otro extremo de la nave, sostiene entre sus brazos un bebé, la mamá, cada vez que la criatura se lo pide, abre su blusa, extrae uno de sus senos y de esta manera alimenta a su retoño. Mi curiosidad me habla con entusiasmo, en los tiempos que vivimos ver algo tan delicado y natural se subraya con diamante dentro de cualquier fortaleza.
El agua que ingerí en la comida ha seguido su reacción biológica y ahora he de encaminarme hacia el lavabo para extraer el sobrante de líquido que contiene mi anatomía. De vuelta la azafata blanquísima de piel me comunica que debemos estar sobrevolando cerca de la costa. Ya en mi sitio inspecciono por la ventana con intención de avistar las tierras del Nuevo Mundo, el ala derecha no me deja ver todo lo que yo deseo, sin embargo el resto de pasajeros influyen poderosamente en mi curiosidad, ellos, los del lado izquierdo y los de delante, ya han descubierto algún indicio sólido. A la par que descubro la línea que delimita con exactitud el agua de la tierra, se oye la voz de uno de los pilotos:
-Señoras y señores, no se pierdan la entrada sobre el continente, es una experiencia que sólo se puede vivir desde aquí.
La tierra me distrae con sus misterios, altos, bajos, montes, campos..., desde un avión, es tanta la variedad de paisajes, que me hipnotiza la posibilidad de contemplarlos. Un murmullo especial me saca de mis sensaciones hipnóticas, los ocupantes que por su perspectiva vislumbran un paraje antes de llegar a él, han descubierto Nueva York, la ciudad destino de nuestro viaje, el murmullo aumenta a cada segundo que pasa, mi posición no permite que mi curiosidad se empape de la exquisitez que representa conocer una cosa. Por fin el ala derecha sobrepasa las primeras edificaciones de la ciudad de los rascacielos, un pasmo se apodera de mi persona, todas y cada una de las mastodónticas casas se
encuentra bajo la fuerza destructible de las llamas, un humo espeso se alza hacia nosotros originando un verdadero nubarrón.
Los pilotos, sabedores de algo relacionado con tan inmensa catástrofe, tomaron una ruta bastante más al sur, y una vez en el interior viraron camino de Nueva York pero desde el oeste. Una vuelta a la ciudad desde el aire nos deja completamente claro que toda, absolutamente toda la superficie urbanística se encuentra bajo el dominio aterrador del fuego. El comandante, al menos en su nombre nos habla, dice así:
-La ciudad de Nueva York como han podido observar es una antorcha gigante, el aeropuerto de destino sin embargo se encuentra abierto, les comunico que voy a aterrizar, yo bajo mi responsabilidad estoy dispuesto, no es imprescindible, podemos repostar en el aire con la ayuda de una de esas naves nodrizas y dirigirnos a otra ciudad, no obstante si ustedes los pasajeros no están de acuerdo sólo tienen que
comunicárselo a las azafatas, daré dos vueltas más para darles el tiempo necesario, si no hay una respuesta negativa procederé a tomar tierra, pido de todas formas tranquilidad.
Un silencio pasmoso se apodera del interior del habitáculo, solamente el hablar inocente de alguno de los niños que viajan es capaz de romperlo, el espectáculo es dantesco allí abajo, unos y otros intercambiamos preguntas y respuestas, al final decidimos unirnos al comandante.
Nos ordenan que utilicemos el cinturón y la nave comienza a descender, los chasquidos en el asfalto de la pista nos conecta con la estructura sólida del aparato, retumban en mi columna vertebral como si fuera mi trasero el que está tomando tierra. La gente traga saliva, en los
rostros se intuye la doble preocupación, los potentes motores retraen la inercia descomunal con que la mole sigue desplazándose, el ruido de las turbinas resulta ensordecedor, estabilizado sobre el tren de aterrizaje se desliza sobre la pista, a un lado, hacia otro, como si se tratara de un simple automóvil. Sin saber lo que pasa los pasajeros intranquilos detectamos enseguida que existe alguna contrariedad, media hora m s tarde se detiene en un extremo bastante alejado de cualquier edificación, son éstos unos momentos en los que el ser humano descubre que la impotencia es parte de su historia. Hay cuatro o cinco personas a las que su estado emocional les ha jugado una de esas sensaciones de las que sólo te acuerdas de lo ocurrido cuando alguien que lo ha vivido te lo explica, las azafatas y los compañeros de aventura intentan reanimarlos.
Disparos no se oyen, ni tanques, ni aviones se intuyen por ningún sitio, la espera es opresora de nuestros cerebros, cada segundo que pasa martillea en nuestras sienes con la misma fuerza conque un escultor aporrea sobre un mazacote de granito hasta labrar su escultura. El comandante nos tranquiliza:
-Pasajeros, señoras y señores, he recibido órdenes de situar la nave en esta zona, me han prometido que en diez minutos recibiremos una visita que nos explicar tan inoportuno contratiempo, pido se relajen.
El tiempo transcurre con lentitud, la oscuridad de la noche comienza a desdoblar las sombras del atardecer, un paisaje, el cual nunca olvidará, va ocultándose bajo las refrescantes tinieblas sin solución, la joven de mi lado abre un diario y escribe unas palabras, las luces del interior del aparato se encienden, las azafatas con amabilidad pero con nerviosismo reparten refrescos y algún que otro café. La inseguridad de lo que ocurre y el poco tiempo transcurrido nos aborrega la mente con facilidad, en vez de exaltarse la gente derrocha filosofía, deseo que el comportamiento se mantenga con frialdad hasta el final.
Unos golpes sobre la portezuela acompañados de unos gritos alteran el espíritu con brusquedad. Por el pasillo que delimita el espacio donde los pasajeros estamos sentados, aparece una mujer.
-América entera está en guerra, ustedes y su peculiar y aparatosa maquinaria ignoro de dónde han salido, las órdenes son estrictas, han de pasar aquí toda la noche para mañana verificar y constatar su procedencia, acomódense y que tengan felices sueños.
Da media vuelta y sale disparada con prisa, nos quedamos un tanto helados, aquellas aclaraciones nos dejaban sin una respuesta seria. Dormir en esta situación es imposible pero si no hay otro remedio... Los recuerdos invaden mis pensamientos, afloran en mi interior imágenes de mi juventud, aquel año que pasé en aquella base militar en Albacete ahora me distrae, cuantas noches vigilando las pistas de aterrizaje, recuerdo con singular atención aquella, en la que estando de patrulla se oyó un disparo, inmediatamente después lo comuniqué a través de aquel
aparato transmisor que nos proporcionaban en el cuerpo de guardia, a los cinco minutos triplicaron los centinelas, aquella noche no hubo descanso, en todas las entradas y salidas y en las pistas de aterrizaje se reforzó la vigilancia, el miedo nos dibuja un pensamiento abstracto,
una falsa alarma acarrea un montón de vanidades, aquella noche no pudimos, ni los refuerzos, ni a los que nos tocaba, dormir; todos los que nos encontrábamos de vigilancia cuando sonó el disparo y a través de los aparatos radioteléfonos se lo comunicamos a los jefes, todos los implicados en el misterio nos preguntábamos cómo era posible que en puntos de vigilancia tan lejanos se oyera un mismo disparo. Unos días después nos enteramos de la realidad, un cohete lanzado por un agricultor para “partir” una nube de verano que estaba descargando una soberana tormenta fue el intruso violador de nuestra tranquilidad.
Hoy, agazapado en mi butaca, vigilo con la posibilidad de descubrir quien origina los falsos disparos que nos tienen secuestrados, mucha gente duerme, los recursos gastronómicos de que disponen algunas aeronaves permitieron que los niños y varios pasajeros cenaran, el ruido de despegue o aterrizaje de naves aéreas rompe el silencio, doy alguna cabezada y por fin me deshago de la realidad.
Con lagañas en los ojos me encamino hacia los lavabos, el ambiente es singular, la gente dormita desparramada en sus asientos; he tenido suerte, mi doble sentido me ha liberado de las tinieblas oníricas en el momento oportuno, una vez dentro me lavo la cara y las manos, me acicalo lo suficiente, bebo un largo y sabroso trago de agua y regreso a mi trinchera, la joven catalana duerme, salto sobre sus piernas, el día abre sus realidades tímidamente, la noche se desvanece con tranquilidad, en unos minutos y con sus abrasadoras garras el sol abrazar el casco metálico que nos protege, la tripulación se reorganiza, algún pasajero va
despertándose. Por la megafonía del interior del avión comienza a sonar música militar, cinco minutos después habla una mujer.
-No se asusten, pido mis m s cordiales disculpas, ayer fue imposible atenderles, ahora el piloto les trasladar por la pista con la intención de introducirles en un hangar, allí ya nos veremos.
La mole pone los motores en marcha y comienza a desplazarse, el paisaje se mueve a la par, las ventanas se inundan de miradas, mi compañera de sillón doble, en este momento casi dormida, me advierte que le deje un sitio para otear el ambiente, las pistas vacías de aviones se
encuentran muy bien custodiadas, los vigilantes son en un número bastante elevado mujeres, nos introducimos por una puerta descomunal.
Una vez dentro y a través de los altavoces interiores del hangar nos indican que bajemos, acogemos la noticia con júbilo, el semblante de los presentes así lo refleja, en unos minutos nos encontramos de pie junto al avión. En una pasarela, situada a cuatro metros de altura, hay unos personajes vestidos con uniformes, una mujer es la que se dirige a nosotros:
-Vuestra procedencia nos ha asegurado el comandante que es de Barcelona, una ciudad de España, esta nave en la que habéis aterrizado es un avión con muchos años de antigüedad, aquí no teníamos noticias de ninguna conmemoración en la que un mamotreto de finales del siglo
pasado aterrizaría con pasajeros; el comandante nos afirma y reafirma que al salir de Barcelona el almanaque marcaba una fecha tan prehistórica.
Todos y cada uno de nosotros constatamos las palabras del piloto con un claro: sííí....
-En América y más concreto en Nueva York, agárrense, el almanaque marca hoy el 14/8/2042.
"Imposible" fue la palabra que se oyó con unanimidad, un hombre se hizo con el micrófono y dijo:
-Sea la fecha que sea aquí no estamos para intentar convencer a nadie, como ya os apuntaron anoche América entera está en guerra, vuestro aspecto es un poco ridículo, pero se siente que el poder bélico que desprendéis es nulo. Por lo tanto el que desee volver a España que lo diga, esta misma tarde daré órdenes para que despegue este cacharro, por otro lado, el pasajero que se quiera aventurar a pasear por las calles de Nueva York que lo diga también, a este último se le extenderá un salvoconducto si lo creemos oportuno.
Un tercero agarró el micrófono y con un acento portorriqueño dijo:
-Necesito veinte voluntarios para transportar hasta aquí algo para comer y otros veinte para avituallar el avión y sus despensas. Los que hayan decidido quedarse que se organicen con la tripulación para recuperar el equipaje.
La división fue instantánea, el grupo más numeroso prefería volver, sólo ocho decidimos introducirnos en el inesperado e incierto armazón de sombras borrosas, la cosa no podía ser tan grave, ayer al salir de Barcelona los medios de comunicación no mencionaron nada, por otro lado la mujer que hablaba del 2042 no sé a que se refería. La joven pecosa catalana, yo y seis más, por el momento, completábamos el otro reducido grupo.
Los voluntarios se organizaron, en media hora salían acompañados de cuatro militares, la tripulación encabezada por el comandante se puso a disposición de nuestro pequeño grupo, una vez abierta la bodega del avión el problema lo ofrecía la diversidad y número de equipajes que se amontonaban en el interior.
Caminábamos por un pasillo posiblemente más ancho que tres carriles de autobús, dos mujeres desfilaban delante de nosotros marcándonos el camino a seguir, otras dos cerraban el grupo a unos tres metros de distancia. La emoción que sentí al despedirme en el hangar de los que habían decidido volver me recorría la piel y el pensamiento mientras que cargados con las maletas desfilábamos tras aquellas dos féminas. Por un puerta que se abrió antes de llegar nos desviamos a la derecha, una sala, yo diría que del futuro, acabó con nuestro maratoniano recorrido.
-Podéis descargar el equipaje -apuntó la más alta de todas.

-Acomodaos -comentó otra que por su aspecto me recordaba una indígena de las que mantienen puros sus genes, biológicamente hablando.
Una pantalla gigante reflejaba en la pared de nuestra derecha una increíble catarata, juraría que se trataba de Iguassú, ese paraíso terrenal ubicado en el sur Brasileño, el sonido relajado del agua al caer manifiesta la sensibilidad que representa la hermosura de un cuadro con
vida, las butacas son verde manzana, descubro una botonera a la altura de mi mano izquierda, se trata de un asiento con tantas posibilidades anatómico-funcionales como desee la persona que lo utilice, las mesas me recuerdan un mobiliario subrealista, los cachibaches o artilugios que sostienen sobre ellas no encuentro adjetivos para describirlos, al fondo otra gran pantalla se asemeja a un monitor descomunal. En este momento suena un viento característico del desierto, deslizo la mirada hacia la gran catarata, mis sensaciones se confunden por un momento, la descomunal cascada se ha convertido en un paisaje desértico, las pirámides de Egipto con toda su hermosura son ahora mostradas una a una a través de la gigantesca pantalla. La espera nos altera sensiblemente y aunque nuestros sentidos se distraen descubriendo formas y figuras desconocidas nuestro pensamiento no se relaja para saborearlas, las cuatro mujeres apostadas a unos metros de la salida y las experiencias vividas desde que el avión se introdujera en aquella nube fantástica, influyen visiblemente en nuestro estado emocional. Al fondo, a la derecha de la pantalla que me recuerda un monitor, se desliza una modernísima puerta, un pasillo queda dibujado tras su quicio, cuatro figuras se acercan con paso firme, al conectar sus miradas con las nuestras lo suficientemente próximas como para conversar, una de las cuatro figuras, perteneciente a una joven africano-americana, rompe el silencio:
-Son ustedes muy valientes, después del espectáculo vivido desde el aire querer seguir su peculiar odisea..., he de reconocer que son ustedes muy valientes, dicho ésto me veo en la obligación de inspeccionar tanto su equipaje como su identidad.
A una orden suya las cuatro mujeres que nos habían escoltado hasta allí comenzaron a abrir maletas y bolsos escudriñando sus interiores. Las otras cuatro nos exigen con amabilidad pero también con autoridad los documentos acreditativos de nuestra procedencia. Por unos momentos y
abstrayéndome de aquel interrogatorio, pensé si aquella guerra de la que nos hablaban no sería una revolución femenina, al menos aquel aeropuerto era custodiado y organizado por un potencial bastante elevado de mujeres. La discusión entre una militar y un personaje del grupo me devolvió a la realidad.
-...usted ha de volver en esa antigualla que llegaron, no admito discusión.
Así acababa el final de la frase que oí, el hombre con la documentación entre las manos, sin posibilidad de ser escuchado, murmuraba:
-Es la ley de la selva, es la ley de la selva.
Diez minutos más tarde salía por la misma puerta que unos minutos antes entráramos. Una joven que al parecer viajaba con él le acompañaba.
Sin el peso adicional del equipaje, tras puertas y pasillos los cuales se confundían con el futuro, caminábamos después de ser minuciosamente inspeccionados, una puerta de aquellas se deslizó hacia un lado antes de
llegar, un salón redondo con dimensiones descomunales apareció ante nosotros, una esfera tan “grande” como la tierra giraba sobre su eje en el centro de la sala, mil pantallas de televisión se hacían visibles por todo su perímetro, cada una de ellas se encontraba situada estratégicamente sobre el país oportuno mostrando de esta forma la flora, fauna, clima, costumbres e historia, por ejemplo la pantalla que dibujaba el mapa de España mostraba en aquellos momentos el mapa de Cataluña, paisajes, ciudades, costumbres, historia..., la sensación de que aquella gente decía la verdad se apoderó del reducido grupo ahora con sólo seis componentes, el monitor mostraba aquel monumento de Gaudí que se divisa transitando por la calle de Aragón en el cruce con la calle de Marina si uno mira a la derecha, el monumento disponía de cuatro torres más, estas torres se encontraban construidas hasta la mitad de las ya existentes cuando dejé Barcelona. El cambio de región nos recordó que no habíamos cenado ni desayunado. Un self servicio que me pareció para extraterrestres depositaba sobre sus bandejas unos alimentos también extraterrestres, con la ilusión de encontrar algo que me apeteciera comencé a peregrinar por aquella especie de pasillo que mostraba todos los alimentos con la posibilidad de poder arrebatarle lo que quisiera, el resto del grupo me imitó. A los veinte minutos nos encontrábamos sentados alrededor de una mesa redonda.
-El haz de ilusiones que aporta un pensamiento.....
(La voz pertenecía a la joven catalana)
- “Es un sueño” O la fuerza irreal de una ilusión...
Un hombre con aspecto de aventurero, delgado, moreno, visiblemente emocionado replicó:
-La casualidad es el capítulo inesperado por donde se desarrolla lo más inverosímil de una historia, somos dueños legales de una casualidad vibrante, hemos de aprovecharnos y con entusiasmo descubrir los fantasmas que nos rodean. Mi nombre es Resdán.
La joven con pecas apuntó que se llamaba Edith, acabado en th.
Estoy un tanto desconcertada, mis posibilidades mágicas se confunden al vivir tan de cerca las sensaciones que me propinan todos y cada uno de los segundos que han pasado desde el comienzo. Me llaman Silvia.
-El capricho de mi curiosidad altera todos mis sentidos, estoy viviendo una ilusión. En mi carnet de identidad reza Ismael.
A la par que nos desahogábamos y nos presentábamos íbamos engullendo aquellas extrañas mezclas de sabores.
-Es potente la experiencia que nos domina, cuando vuelva a Barcelona no se lo creerá nadie. Mi nombre es Raúl.
La personalidad de este último individuo se respiraba un tanto insegura o aniñada, fue la impresión que tuve desde que lo incluí como posible candidato a continuar.
-Mi nombre es Andres, pero mis amigos más antiguos me llaman Enri. El progreso es tan misterioso y la realidad nos documenta tan a la ligera que en momentos como este, como bien ha dicho Silvia, nuestros sentidos actúan descoordinados y desconcertados....
Un movimiento espectacular en las gentes que pululaban con uniforme por aquellos salones y pasillos distrajo nuestras comunicaciones verbales, al parecer, un potencial bélico aéreo se disponía a tomar tierra en aquel aeropuerto.
Resdán, Edith acabado en th, Silvia, Ismael, Raúl y yo nos despreocupamos enseguida de las maniobras de aquella gente y seguimos conversando.
Las desconocidas viandas fueron desapareciendo de las bandejas con lentitud, el ayuno del que éramos víctimas desde la noche anterior ahora hacía de aquellos preparados un producto comestible, un prensado con sabor a ungüento utilizado para broncear me recordó el típico aceite que
desprende un gusano cuando lo aplastas, Ismael se lo comió, yo al igual que el resto del grupo lo desligamos inmediatamente de los demás alimentos.
-Son orugas procesionarias -hacía broma.
Silvia echó a correr hasta una especie de barra de bar donde se encontraban dos mujeres con la intención de preguntar donde había un lavabo para poder regurgitar parte de lo ingerido, la repugnancia que le causaron aquellas palabras era la culpable, Ismael con la intención de
disculparse decía:
-Si estaba buenísimo, parecían angulas cocinadas.
Ya era tarde, Silvia no pudo lograr su objetivo, comenzó a vomitar sobre aquel mostrador poniendo perdida a una de las militares, incluso ella misma se salpicó toda la vestimenta.
Dos féminas de las que nos cachearan la documentación hicieron acto de presencia en la sala, se acercaron a nuestro grupo, pusieron una carpeta sobre la mesa, al abrirla nos quedamos boquiabiertos, seis documentos cada uno con su fotografía aparecieron en su interior, mi cara, la de la catalana, la de Silvia etc.. etc... Se reflejaba cada una
en su carnet.
-Esto servir para que os desplacéis con libertad por las tierras de América -dijo una joven descendiente de esclavos africanos- ?Falta una mujer, no? -agregó.
-Está en el aseo -apuntó Edith.
-.......el final de la represión y la exterminación de las gentes que atropellando, matando, quemando y violando, destruyeron culturas y civilizaciones por el mero hecho de robar y apoderarse de tierras y tesoros se acerca. Estas ratas, que obligando a seres libres a despreciar su linaje los catapultaron a las miserias m s repugnantes y vejatorias que un ser humano pueda vivir, se hundir n bajo los lazos hábilmente trenzados de la realidad.
Arapajoe, Xiou, Pies Negros, Comanche..., la mujer que con firmeza pronunció estas palabras se confundía con cualquier etnia autóctona del Norte de América.
-Vosotros sois sin lugar a dudas un capítulo extraño en esta historia, los altos cargos nos han ordenado que organicemos vuestra libertad bajo control. La fecha que reza en vuestra documentación y el año que vivimos tienen una estrecha relación, hemos habilitado parte de un hangar para que os acomodéis unos días.
La norteamericana fue la que nos comunicó esta nueva.
Nos levantamos y una vez regresó Silvia nos pusimos en marcha, siempre precedidos por dos de aquellas militares, primero tendríamos que recoger el equipaje, luego nos dirigiríamos a nuestros aposentos. La soberbia y modernísima habitación en que me pusieron ofrecía un aspecto acogedor. La libertad nos comunicaron que era total, al parecer ellos ya se ocuparían de controlarnos desde la sombra.
Ahora son las tres de la tarde, físicamente me siento agotado pero mi estado anímico me empuja hacia las calles de la ciudad, las aclaraciones recortadas que nos han hecho me tienen intranquilo, no sólo a mí si no a todo el grupo, por lo tanto con las fuerzas que imprime la ilusión, dentro de un rato saldremos a conseguir nuestras propias conclusiones.
Hora y media después nos encontrábamos los seis en una sala anexa a las habitaciones, la que unos minutos antes nos comunicaran que podíamos utilizar conjuntamente, una joven descendiente de esclavos africanos acompañada de otra sudamericana nos escoltarían en nuestra primera salida de aquel aeropuerto.
-?Estáis preparados? -Dijo la primera en entrar.
-La expedición se encuentra al completo, todos y cada uno de sus miembros están a la espera de partir -yo fui quien rubricaba esta frase. Salimos por una puerta, la cual nos dejaba en el lado opuesto a las pistas de aterrizaje, aparcado a cinco metros del edificio había una especie de automóvil, sus formas y dimensiones llamaron nuestra atención, la carrocería o habitáculo destinado a ser utilizado por personas era una esfera, los ocho nos introdujimos en él, nos colocamos en su interior. Los asientos están dispuestos de manera que todos nosotros disfrutábamos de total visibilidad; comenzó a desplazarse bajo la atención atónita del grupo.
-Os vamos a pasear por una ciudad fantasma, vuestra sensibilidad seguramente rompa esquemas y comience a delirar, el que no sea capaz de aguantar la visión y el entendimiento de lo que aparecerá a nuestra vista, puede desconectarse por completo utilizando estos cascos señalándolos acabó sus explicaciones la joven sudamericana.
Hablábamos los unos con los otros distrayendo nuestro pensamiento. El humo se respiraba, las edificaciones más poderosamente elevadas hacia el cielo parecían querer alumbrar el infinito con sus llamas, un espectáculo comparable a la visión que presenció Nerón desde su palacio cuando incendió Roma, las calles me recordaban fábulas siniestras, los cadáveres se amontonaban aplastados contra el pavimento, sorprendidos por el fuego, desde sus habitaciones, se precipitaron al vacío, miles y miles de cuerpos yacían mutilados tras impactar con violencia contra vehículos, aceras y barandillas. El fuego en todas las edificaciones había comenzado en el primer piso, quedando todos los comercios intactos en muchas construcciones. El vehículo se desplazaba con lentitud, la maravilla técnica de que disponía nos permitía avanzar suspendidos a un metro de altura, siempre sin contactar con el suelo; Raúl, Ismael y Silvia se conectaron al mundo irreal de aquellos artefactos esféricos.
Las avenidas y plazas nos permitían acariciar con una perspectiva m s amplia el caos, las militares seguían su ruta, mil pensamientos se apoderaban de nosotros, escalofríos, repugnancia, impotencia..., a cada tramo que avanzábamos m s mortandad, parecía que la humanidad entera
hubiera enloquecido, de vez en cuando nos cruzábamos con algún esférico móvil gemelo del nuestro.
-Nueva York es una ruina -dijo Edith- mi viaje de recreo se esfumó.
Con estas palabras cerró los ojos y se desmayó.
Una de las guías le hizo aspirar algo despertando enseguida, casi obligándole le colocó uno de aquellos cascos. El recorrido era masacrante, las sensaciones abrían a cada momento recovecos e infinidades inéditas en la masa encefálica.
Aquello no era una guerra normal.
Resdán y yo seguíamos presenciando el panorama, el infierno real nos confundía, desde nuestra posición no nos perdíamos detalle. Una m quina que amontonaba cadáveres hizo que nuestro vehículo se detuviera, mientras, otra m quina cargaba muertos en una especie de camión extrañísimo. Las militares una vez parado nuestro vehículo bajaron y conversaron con los "limpiadores" de la ciudad. La sangre que manaba de los cadáveres amontonados originaba un pequeño riachuelo avenida abajo.
De vuelta al aeropuerto nos condujeron a la gran sala comedor, la inmensa bola giraba sobre su eje, la pantalla que pertenecía a España ofrecía im genes del coto de Doñana, la sensibilidad y la naturaleza que desprende el amamantar a su cria una loba o una cierva nos reorganizaba el pensamiento y nos aplacaba el corazón, la añoranza y el recuerdo me trasladó a nuestros compañeros de aventura, ahora ya estarían cerca de Barcelona.
Aquella noche al menos yo no cenaría, los demás se introdujeron por aquel pasillo con la intención de arrebatar algo comestible de sus bandejas térmicas, uno a uno fue viniendo hasta la mesa redonda donde me encontraba. La primera en llegar de vuelta fue Silvia.
-Te ha quitado el hambre el espectáculo y tu quijotesca
postura al querer saborear tan repugnante panorama. ?No?.
-La verdad es que uno lucha para atravesar el haz de
entusiasmo que nos introdujeron el día de la concepción "la vida", pero hay momentos por los que me gustaría no pasar, el panorama que hemos vivido Resdán y yo aterroriza y amilana a cualquier mente sana.
-Te has hartado de carne durante el recorrido y ahora no puedes comer de estos preparados !Ten cuidado no te mueras!.
La broma de tan mal gusto salía de los labios de Ismael.
Edith, acabado en th, Resdán y Raúl, con exquisita preocupación me dirigieron también algunas palabras. Aquella mesa se configuró como sitio oficial de conversaciones, preocupaciones y bromas.
No era sencillo tragar, saboreaban cada trozo que se introducían en la boca masticándolo y masticándolo, las viandas que transportó cada uno seguían casi sin tocar.
-Qué extraño fantasma se ha apoderado de esta ciudad -hablaba Resdán.
Un personaje desconocido que escuchó estas palabras al acercarse, no le dejó terminar.
-El fantasma es tan real...., el fantasma ha sido esculpido por la historia sobre los muros edificados con la sensibilidad de un pueblo oprimido, labrada en ellos, con el péndulo martilleador de la esclavitud...., el fantasma -siguió- se levanta de su tumba devorando a quien lo lapidó. Hace mucho tiempo nuestro pueblo caminaba con entusiasmo por laderas, valles y montañas, el intruso borró de nuestros quehaceres cotidianos la libertad, sin embargo el pensamiento de los vendidos por la prepotencia, con candor y serenidad, ha reorganizado sus genes y en un salto de caballo se han camuflado en el tiempo, doblegando al torturador de libertades; no es un discurso vengativo, es que la ilusión del sabedor de la realidad crea genios.
Aquel hombre negro, alto, yo diría que mantenía intacta su raza africana, hablaba con entusiasmo, imprimía carácter y credibilidad a sus pensamientos.
-Es doloroso llevar a cabo un proyecto de estas dimensiones -hablaba en este caso una joven americana legítima- quinientos cincuenta años de hambre de personalidad se funden tr s nuestras preocupaciones, un gigante también duerme, los peones de esta historia aprovechando sus debilidades arrancar n su corazón, su pensamiento y sus testículos. Se despertará tan mutilado que su muerte ser su victoria.
Nos mirábamos, abríamos las puertas del entendimiento con el propósito de acariciar la realidad, las palabras hábilmente dispuestas de aquellas personas ofrecían mil sensaciones, nuestras mentes fuera del tiempo coordinaban al ralentí.
-Descifradnos el enigma -murmuró Edith.
-Retiraos a descansar, mañana el que lo desee podrá viajar con nosotros en un paseo de reconocimiento sobre el paisaje variopinto de estas tierras -murmuró la joven militar mientras se despedían.
Una vez en el habitáculo que podíamos disfrutar en conjunto, nos despedimos; los momentos de pesadez mental por los que estábamos pasando relajaban tanto nuestros músculos que nos apetecía descansar.
Aquel paisaje era mi preferido, siempre que podía me desplazaba a sus maravillas, sus rincones me dividían en mil sensaciones, desnudo me impregnaba del líquido transparente que remansado se depositaba donde la catarata hacia el final de su hermosísimo trayecto, era aquel sitio mi paraíso particular, las oquedades del infinito de las altísimas rocas albergaban con amabilidad a un sin fin de delicadas vecillas que con el pasar del tiempo se elevarían sobre las nubes imitando a sus progenitores, la vegetación camuflaba mi desnudez bajo sus miradas, volteaba mi anatomía ladera abajo, el precipicio me impresionaba, dejaría de sentir la hierba bajo mi cuerpo para volar aquellos treinta, cuarenta metros que separaban la ladera del remanso, después de aquellos segundos introduciéndome a través del purísimo aire, el impacto violento con la cristalina balsa, una vez más treparía por la pendiente y escarpada pared, la estadística me aseguraba que de cada diez intentos uno lograría acariciar la hierba de la ladera, los otros nueve
caería desplomado de espaldas hacia el remanso de aguas vírgenes.
La exuberante vegetación del lugar detenía la vida, la música abiertamente natural se remontaba a comienzos de los tiempos, un sonido diferente conectó mi entidad, alguien aporreaba con insistencia en la puerta de mi habitación.
-?Vienes o no? -oí decir a Ismael.
-Enseguida, voy voy -le contesté.
Me cambié de ropa tras un minucioso pero rápido aseo. El grupo al completo se encontraba esperando cuando aparecí, se levantaron y con paso ágil nos dirigimos al comedor para extraterrestres. Los prefabricados no alteraban su apariencia, el desayuno tendría que ser con viandas de la cena. La pantalla de España se inundaba en aquellos momentos con la típica estampa española, una manada de toros bravos pacía junto a las aguas de un río, la catedral de Burgos me deslumbró con su magnífica y acogedora estructura después.
-?Adónde nos escoltarán hoy? -dijo Raúl.
-Nos escoltarán, pero por el aire, es lo que entendí -acabó diciendo Silvia.
Aquella pareja de la noche anterior se acomodaba entre nosotros depositando los alimentos que habían elegido encima de la mesa.
-Hola. ?Estáis dispuestos a volar? -comentó el africano- es un campo de batalla después de una contienda -siguió diciendo- ....estas ratas cometieron el genocidio m s atroz que el ser humano pueda anotarse en su historia particular -las últimas frases las articulaba desde el aire una vez nos pusimos en marcha- ....mi pueblo, allí en los confines de la tierra donde se confunde lo edénico con la libertad (contaba mi padre una historia real de un antepasado mío), un hombre libre, joven, disfrutando del regalo ofrecido por la vida, cazaba para alimentarse aquel día en que fue cazado el cazador, unos hombres de otras tierras lo arrebataron de su
paraíso particular, lo introdujeron en un barco como si de un cerdo se tratara -su juventud y su fortaleza lo esclavizaron sin condición- una vez los bajaron del barco -sigue la historia- los ofrecieron como carne de carga al mejor postor, la prepotencia de las gentes de estos lares anulaba a criaturas importadas del paraíso, su trabajo era disfrutado por aquellas ratas con pantalones y faldas. Agotados y desconcertados morían mis hermanos en ciénagas de putrefacción para servir a una estirpe de seres humanos bochornosamente crueles.
Allí abajo se dibujaba una autopista repleta de automóviles, los ocupantes yacían muertos por las inmediaciones. La guerra estaba claro que era un problema racial. Aquella especie de helicóptero a reacción se
desplazaba por la atmósfera con suavidad y rapidez. En un rancho típico de la zona faenaban gentes que al parecer no eran conocedoras del "enfrentamiento", poco a poco fue descendiendo la nave hasta quedar suspendida a unos diez metros del suelo, las gentes que pululaban por las
proximidades de la casa fueron acercándose a curiosear, diez fueron las personas que contabilizamos, una vez todas juntas, allí abajo, a unos metros, la joven americana los roció con un gas..., un minuto m s tarde reposaban inertes sobre la tierra.
-Diez menos -comentó el africano al mismo tiempo que nos elevábamos.
-Mis genes recuerdan en estos momentos la destrucción de mi pueblo, fue lenta, los días de angustia que vivió se petrificaron en el universo -decía con tristeza la joven- el fuego, el frio, violaciones, masacres, nunca sobre la tierra se hizo tanta barbarie y a tanta gente, ha llegado el momento de la lucha que nos conducir a la libertad, les pagamos con sus crueldades, esta tierra que ellos mismos desolaron la convertiremos con la ayuda de nuestros aliados africanos en el paraíso que nos robaron, las ratas que no eliminemos saldrán por los resquicios que no podamos
controlar para refugiarse en la miseria.
Los seis escuchábamos aquellas inquietudes, el golpe originado por americanos y africanos parecía estar tomando entidad, los únicos que se movían con despreocupación eran ellos. Un camión que se deshacía de su carga fue el objetivo visual del grupo, los pilotos condujeron al helicóptero hasta una perspectiva donde nuestra visión captaba el desagradable cargamento, cuerpos humanos se introducían por la abertura horadada en otros tiempos para extraer oro negro. Silvia, Raúl e Ismael se desconectaron del panorama utilizando aquellos cascos de ilusión.
-Estupenda fosa común -dijo Resdán.
-Si el alzamiento no nos confunde los millones de ratas que introduzcamos en estos agujeros se convertirán en petróleo, así el sistema ecológico se compensar -apuntó el hombre africano.
Unos minutos m s tarde un poblado de tiendas de campaña en la ladera de una colina nos impresionó a mí y a mis compañeros de recorrido, era algo curioso, mujeres y hombres mayores, niños y niñas deambulaban por sus inmediaciones con parsimonia y tranquilidad, un dato estremecedor se apoderó de mis pensamientos, todos y cada uno de los inquilinos de aquel característico camping eran descendientes de esclavos africanos y descendientes de etnias americanas.
-El continente entero se encuentra en armas, hace dos días comenzó en el norte la celebración del quinientos cincuenta aniversario de la intrusión, una meticulosa operación por parte de los pueblos esclavizados desde el comienzo dió paso al futuro de un CONTINENTE. Las noticias que nos llegan de los dem s países son delirantemente acogedoras, los pueblos propios de la tierra que pisamos han catapultado sus fuerzas y con entusiasmo luchan contra quien un día rompió su tranquilidad. El esfuerzo y la verdad consolidan los muros de un pueblo, el tiempo vivido en las sombras que proporciona un ogro devorador de entusiasmo se mutar y las gentes que un día palidecieron bajo sus afiladas fauces ahora mutilarán a la bestia hasta apagar su visión -la joven casi lloraba al hablar.
Nos presentaban como turistas europeos, un rato antes aterrizamos en el aeropuerto de Chicago, ahora conversábamos en el comedor de la base comercial, era un tanto tensa la forma en que nosotros nos desenvolvíamos, al fin y al cabo los montones de muertos que originaban los miles y miles de cuerpos rotos por el impacto al lanzarse de sus viviendas eran como nosotros y aquellos de la autopista también y más aun los del rancho.
-Vosotros y los millares de seres humanos aniquilados no os podéis comparar -dijo la chica americana y como si leyera mi pensamiento siguió- vuestra condición de europeos es vuestro salvoconducto, las ratas que extinguimos carecen de patria, por eso en vez de desterrarlas las aniquilamos, si no fuera así, con sus genes violentamente desquiciados
comenzarían en otros lugares su destrucción.
La comida era calcada, las despensas de uno y otro lado se abastecían del mismo economato -pensé.
-?Qué os ha parecido el ambiente? -Comentó el hombre.
-La cantidad de muertos del otro lado delimita las paredes naturales de mi pensamiento, esto que estoy viviendo y casi tocando no es real, unos cuantos hombres y mujeres es imposible que aniquilen a tantas personas y en tan pocas horas -tragaba saliva cada vez que decía una palabra, sin embargo Raúl siguió hablando- ?Y el ejército? ?Está muerto también?.
-El ejército somos nosotros, todos y cada una de las personas que vigila, controla o que trabaja para la liberación, es ejército -apuntó una chica que al pasar oyó a Raúl.
-...el ejer... el ejército... -tartamudeó alguien del grupo.
La misma chica que había hablado un momento antes no dejó terminar la frase.
-Os referís al ejército rebelde ?No?. Está hábilmente eliminado, todas las ratas descendientes del sacrílego genocidio incluidos los componentes del ejército pagarán con la muerte. La noche en que se decidió el exterminio -siguió diciendo- todo el potencial "roedor" perteneciente al grueso militar cayó bajo el fuego... yo -prosiguió- me encontraba destinada en una base militar americana en un país tan lejano como desconocido. Los componentes del ejército enmarcados en el cuadro de liberación, eliminamos mientras dormían a las ratas grandes y pequeñas, fue una acción rapidísima, cayeron sin enterarse. Gritaban entre sueños:
Socorro, socorro...
-En tres minutos la calma. Una vez cumplida la misión encomendada pusimos rumbo a América con todo el potencial bélico que soportaban los potentes y modernísimos aviones. Setenta años enclavada en aquel país llevaba la base, el respiro de las gentes de aquellas tierras al enterarse que aquel territorio acotado por extranjeros volvía a ser suyo con solo desalojarlo de muertos sería inacabable -la joven seguía hablando- hoy con la ayuda de dos esferas volantes hemos aniquilado varias poblaciones, el tema está claro, comenzamos a dar vueltas alrededor de las primeras edificaciones rociando gas sin cesar, vamos achicando el círculo hasta impregnar todo el aire con el mortífero elemento, las ratas mueren en dos minutos y si alguna se escapa la aniquilan los dos equipos de refuerzo que patrullan por las afueras.
El énfasis con que contaba aquellas hazañas nos ponía la carne de gallina.
-Es más duro introducir a los "roedores" una vez muertos en los viejos pozos de petróleo que exterminarlos, si no corremos las infecciones pueden aparecer, todo y controlando el ambiente con ese producto que con tanta fe nos proporcionan los técnicos -había tomado la palabra el hombre que nos acompañaba- Chicago, como habéis podido comprobar, ofrece el mismo aspecto que Nueva York. Aquí los poderosos tanques amontonan cadáveres para que después otra máquina los deposite en un camión para a su vez este transportarlos a las fosas comunes.
Comimos sin apetito, la impresionante realidad nos confundía, mis posibilidades como persona se desvanecían, tan sólo era capaz de seguir la corriente, no coordinaba ideas, no interponía ningún obstáculo a lo que nos contaban, me confundía con un cadáver viviente, la sangre se había congelado en mis venas. Todos los frentes eran espectaculares, tanto que si no hubiera sido por mis vivencias en directo no las iría contando. Nos pusimos en marcha, la esfera comenzó a elevarse sobre los mastodónticos hangares, el rumbo era hacia el este, la velocidad unos
Mil quinientos kilómetros por hora.
Cuando sobrevolábamos por encima de las montañas el ambiente se relajaba.
-Esto es lo que he venido yo a disfrutar entre otras cosas -comentó Resdán.
-El destino nos implica en historias mil a lo largo de la vida -apuntó Silvia, y siguió- pero ésta por mucho tiempo que me deje la casualidad empaparme de sus sensaciones jamás la olvidaré.
-Tener que ser precisamente nuestro viaje el que se introdujera en aquella maldita nube -dijo Edith- esto lo ha de vivir la gente de esa época si es que realmente pasa, yo particularmente estoy aterrorizada, mis ahorros, mis vacaciones y, como sigamos patrullando con esta gente, mi personalidad desaparecerán. La fuerza de las emociones es tan potente que mi cerebro se autodestruir .
Ni Raúl, ni Ismael, ni yo abrimos la boca, el paisaje nos desplazó de lugar.
Las montañas dejaron paso a campos imperiosamente descomunales, con ellos y desparramados en sus confines dormitaban pueblos y ciudades, los pilotos nos introducían por "sendas" con perfiles libres de contiendas -al parecer las preocupaciones del grupo hicieron eco en sus mentes- hablábamos del comportamiento de nuestros "guías", de la eficacia de nuestras palabras, mientras, la esfera se introducía por el aire con rapidez.
Volar, es mi debilidad, empaparme del panorama desde el cielo ahuyenta los fantasmas que nos rodean, disfruto de ese placer, el recorrido hábilmente elegido para volver nos inyecta una dosis de moral, las caras casi amargadas del grupo se abren por otro pensamiento, el buscar, encontrar y descubrir nos ha mutado la personalidad, hemos olvidado el infierno, nos gustaría descender sobre esa montaña tan enigmática con nombre de mujer o viceversa, Montserrat, nunca añoré mi tierra con tanta emoción, Cataluña se dibuja allí abajo, la pesadilla me origina tantas visiones que no acierto a distinguir la verdadera, cuántas formas diferentes se amontonan hacia el firmamento, el monasterio se intuye entre las rocas, la nave desciende con lentitud, la forma circular y con forma de cráter nos engulle bajo su estética postura, Montserrat es diferente pienso, reaccionan mis ideas, un campo de beisbol descomunal es mi enigmática montaña, las gradas atestadas de cadáveres son la rocas
cilíndricas que la componen, una visión de infarto se apodera de nuestras miradas, cien mil, quien sabe la cantidad de muertos que nos escoltan.
-Ha tenido que ser así, la organización no podía
permitirse el dejar escapar a tanta gente junta, ésta es nuestra baza, la eficacia nos convierte automáticamente en mayoría, un porcentaje de soldados mínimo ha tenido que sucumbir para la liberación, los atrapamos divirtiéndose o durmiendo, como ellos a nuestro pueblo un día no muy lejano le hicieran. La noche elegida -hablaba el hombre- todos los efectivos con ánimo de libertad incendiamos, ametrallamos o
asfixiamos a tantas ratas como pudimos, una vez eliminados los roedores con uniforme, militares y policías, nos encaminamos a las grandes ciudades a incendiar casas y casas, el lema era "que mueran sin piedad", los vehículos de bomberos se utilizaban para avivar m s las llamas, unos con gasolina en sus tanques, otros se llenaron con gas, los túneles del metro en las ciudades que lo tienen eran ratoneras de muerte, se introducían para liberarse de las llamas y morían asfixiados, las potentes bombas vaciaban el mortal elemento por túneles y cloacas, murieron tantas ratas la primera noche -decía- que nos da una idea de como trabajó
la gente. Las máscaras anti-gas hicieron su cometido. Los edificios permanecer n haciéndole cosquillas a las nubes mientras aguanten en pie, los legítimos seres de estas tierras ocupar n los pueblos mejor situados, las despensas están repletas, el funcionamiento de la estructura
industrial, química, biológica y de investigación se mimar con recelo, los adelantos conseguidos se mantendrán...
La mujer percatándose de que el hombre hablaba sólo para ellos, pues todos nosotros nos habíamos desconectado utilizando los singulares cascos -le invitó a marchar.
A través de los cascos comenzó a hablar un hombre.
-Los miembros del gabinete que controla el levantamiento, en una maratoniana y calibrada reunión, nos ofrecen datos impresionantes: la primera noche de lucha eliminamos al ochenta y cinco por ciento de los intrusos, hoy a las cinco de la tarde asciende el tanto por ciento al noventa y cinco, oséa que podemos cantar de júbilo, se teme la intervención de alguna potencia del resto de la tierra para ayudarles, pero con el repliegue instantáneo de todos los efectivos desparramados sobre el planeta no tenemos porqué preocuparnos, además un sin fin de países nos apoyan, incluso nos han enviado efectivos de sus ejércitos, por lo tanto con nuestros medios y los refuerzos que van viniendo no hay ejército que nos amilane. Por otro lado nos llegan datos y cifras de algunos países del resto de América, por ejemplo Brasil ha hecho mención en un comunicado del elevado número de muertos dentro de sus fronteras; en Rio de Janeiro han eliminado entre los nativos y los descendientes de esclavos africanos unos dos millones de ratas, entre ellas al presidente Umberto Cabeceiro -así hablaba el personaje a través de los cascos- en Sao Paulo -siguió- se han contabilizado un millón y medio. En Venezuela, sólo en Caracas un millón. En Méjico ciudad la mortandad asciende a cinco millones. En Argentina y concretamente en Buenos Aires medio millón... todos y cada uno de los países americanos han secundado la expulsión o eliminación, en cualquier caso -prosiguió el comunicado- han comenzado la liberación.
Los pilotos respiraban de felicidad, el esférico cacharro descendía sobre las pistas de una base militar, esto lo advertí al desconectarme de los panavisores artefactos, el descomunal e impresionante panorama que
descubrieron mis sentidos al conectar con aquella realidad le daba la razón al locutor que un momento antes hablara, cientos de modernísimas naves de guerra dormitaban por doquier, el potencial bélico que allí se respiraba ofrecía sensaciones inenarrables. Descendimos los ocho y entre las bromas y parabienes que se piropeaban al cruzarse con militares del recinto, llegamos a un palaciego salón, la esfera descomunal allí también existía, las pantallas de los diferentes países del mundo proyectaban imágenes de destructores, dragaminas, fragatas, portaviones... todos se apreciaban en una única dirección, América y todos navegaban bajo una misma bandera, la de la liberación.
El grupo, sin los militares, nos mirábamos atónitos junto a la bola, Resdán habló y como si estuviera hipnotizado, dijo:
-Esto es real, aquí no hay equivocación posible, estamos dentro de un país que está elaborando algo imposible de creer, estas gentes han multiplicado sus pensamientos y en un momento de exquisitez mental han originado tan poderosa barbarie que a sus conciudadanos no les ha dado tiempo ni de llorar, es portentosa la hazaña, mis TBOS. de hazañas
bélicas me dejaron en aquel peculiar cabo Gorila, pero en esta contienda mi soldado favorito de cuando contaba ocho o diez años, se habría camuflado en el anonimato.
La cara de Resdán era un trozo de mármol, habían desaparecido sus gestos y su expresión, nos siguió hasta el mostrador porque Silvia lo arrastró de la mano, al llegar nos ofrecieron unos recipientes de plástico o de algún material que se le parecía, con ellos en las manos nos encaminamos a una de aquellas mesas redondas, Resdán seguía en trance, Ismael comenzó a decir:
-Nos volveremos todos locos, como no nos deshagamos de este pensamiento colectivo nuestra mente no aguantará, lamuestra de lo que digo la vivimos en nuestro compañero Resdán. Yo en el momento que pueda me largo, sin la presencia constante de esta gente estoy completamente seguro que la cosa cambiar , osea que ya lo sabéis, si un día no me presento no me esperéis, habré desertado.
Los refrescos apetecían, el sabor me recordó alguna fruta tropical, Silvia, con paciencia, ayudaba a Resdán a beber, de repente Edith gritó:
-......!piedad! Toda la gente que se encontraba en el salón se giró
hacia nosotros, la joven catalana siguió hablando en un tono esquematizado.
-Los muertos... el fuego... el caos... nuestro viaje... mañana... ...mi persona está perfectamente preparada para desenvolverse en su tiempo, las últimas horas pasadas en este extraño laberinto de sensaciones oprimen de tal manera mis sentidos que aborrezco desde ahora mismo la posibilidad de saltar por encima de la historia.
La gente seguía mirándonos.
-Cincuenta años en esta época es tanto que los inventos de ayer se confunden aquí con antiguallas, sin embargo no es eso lo que nos deslumbra, aunque hay que reconocer que los aviones, los esféricos móvil y todas, absolutamente todas las construcciones, servicios y enseres mil son algo de admirar.
Con estas palabras intentó liberar al grupo del shock en que se hallaba atrapado.
Ismael en un tono de complicidad apuntó:
-La fortaleza y la unidad del grupo nos mantendrá despiertos, tan enigmático es el presente como la forma en que nos introdujimos en él, la puerta de salida del laberinto que nos tiene enajenados aparecer en nuestro caminar sin que nosotros mismos la busquemos, el poder contar lo que nos acontece en este impresionante capítulo es lo que nos introducir y con letras de mármol en el juego caricaturesco de la historia, el sabor a experiencia vivida, que nos quedar en su día, bien merece la pena estos teatros con tan dispares escenarios y esta dramática obra creada conjuntamente por sus directores.
La presencia de la mujer y del hombre que nos acompañaban nos recordó la realidad.
-Buenas noticias -comenzó diciendo la mujer- todo el sistema ha funcionado perfectamente, no sólo el grueso destinado a la lucha, si no que las brigadas responsables de almacenar y controlar las provisiones y los recintos hospitalarios y de comunicación han abierto sus posibilidades ofreciendo una seguridad m s a la hora de seguir una vez acabada la guerra. Id levantándoos, salimos dentro de dos minutos.
El potencial de la marina avanzaba por todos los mares de la tierra, al menos las pantallas de la gigantesca bola así nos lo mostraban al pasar junto a ellas.
Volví a sentir un escalofrío al salir al exterior, los aviones que descansaban sobre las pistas eran tantos que podía tratarse de todo un ejército, bombarderos, cazabombarderos, aviones de transporte, aviones radars, un potencial impresionante para tratarse de una sola base, subimos al esférico y al elevarse el empedrado de naves nos ofreció su tez debidamente camuflada.
Un momento después descendimos en nuestra base, por hoy las impresiones y los sobresaltos se habían acabado, los muertos y los fantasmas reales no nos molestarían durante unas horas, Resdán ahora se comportaba con normalidad, nos dirigimos los seis a nuestros aposentos, (los pilotos después del recorrido que hicimos durante todo el día al dejarnos volvieron a despegar), ya en mi habitación deposito mis huesos y con ellos toda mi anatomía sobre la suave estructura rectangular, con las manos en la nuca y los ojos entreabiertos comencé a soñar, ...las flores y plantas de mi alrededor crecían sin cesar, los insectos revoloteaban amenazantes, mis músculos contraídos luchaban por restablecer sus habilidades, el viento soplaba con tanta fuerza que las flores se desprendían de sus delicados tallos, los pétalos multicolores me ofrecían un mullido y aromático lecho, un joven gorrión despistado aterrizó sobre mis cabellos, al acariciarlo con mis manos pió con desesperación, las nubes dibujaban mil formas diferentes, un inmenso océano rugía a través de sus agitadas aguas, un velero luchaba para no hundirse entre ellas, un hermosísimo caballo blanco retozaba sobre un tejado transparente, las ruinas de un imperio se intuían bajo los cimientos de un descomunal palacio, mi cerebro trabajaba sin descanso,
luchaba mi corazón, mis ilusiones se repartían por los átomos de mi persona, descendía poco a poco el universo, casi podía tocarlo, un poco más, la impresión fue soberana, frente a mis ojos quedaron dibujados montañas y valles, me había absorvido en sus entrañas, así, flotando por la atmósfera me desplazaba con rapidez, los paisajes aparecían de tantas formas diferentes que los confundía con las páginas de un atlas, sobre un volcán activo comencé a luchar por seguir, el aire sin oxígeno me impedía respirar, la tos y la angustia hacían imposible el continuar introduciendo vida a mis centros vitales, la fortaleza física de mi anatomía se hacía ridícula en semejantes momentos. Y, como si la invisible tela de araña que me sostenía comenzara a ceder bajo el peso molecular de mis compuestos naturales, iba acercándome más y más a la oscura y humeante boca.
-?Sigues con vida o has decidido morirte?.
Las palabras que oí hubiera jurado que provenían del interior del cráter pero la figura recortada en el hueco que dejó la puerta al abrirse me sacó del abismo, Ismael era el dueño del cuerpo y de aquellas palabras tan propias. La verdad es que la pesadilla y el ajetreo del día ablandaron tantos mis fuerzas que casi le respondo con el silencio, pero un punto de lucidez oprimió el resorte que activa mis sentidos.
-Mis sienes todavía piensan hombre, no me quieras eliminar tan rápido de ésta la historia más sensacional de mi vida. ?Qué quieres?.
-La gente nos espera en el comedor ?Tú vienes? ?O no quieres intoxicar tus moléculas con esa bazofia?.
Puesto en pie y abriendo los brazos desperezándome le indiqué que fuera él delante si no quería esperar mientras ponía bajo control a mis necesidades.
-Allí estaremos -oí que decía al marcharse.
Unos minutos después salía de la habitación un tanto más guapo, al cruzarme con alguien me comunicó con amabilidad:
-Tus compañeros están en el comedor.
Al atravesar el umbral de la modernísima puerta quedó toda la inmensa sala a la vista, en una mesa redonda discutía con nerviosismo el grupo, a la izquierda de ellos y más hacia mí giraba con lentitud la poderosa bola, cuatro mesas más eran ocupadas por militares hombres y mujeres, me distrajo de mis realidades aquella pantalla perteneciente a algún país africano: una tribu despistada en el tiempo modernizada sólo lo justo como para disfrutar de lo natural o la naturaleza, desprendiendo de su persona sólo el esfuerzo necesario físico y psíquico; su condición de humanos es tan abstracta que aunque nacieran hace miles de años el locutor que comenta el reportaje les adjetiviza prehistóricos, su pasmosa forma de desplazarse transmite serenidad a mi persona, sus ambiciones son tan pragmáticas que las tienen todas cubiertas, por eso sus niveles de
conquistadores están en el olvido, su paraíso es tan extenso que con su reducido territorio han llegado hasta hoy.
Un individuo de la etnia descuartiza una gacela todavía caliente, sus despensas abiertas se confunden en la espesura del bosque, un niño le ayuda a separar la piel de la carne, la herramienta que utiliza quizás tiene miles de años, el pequeño, si no es engullido por el huracán del progreso y la "civilización", continuará esculpiendo la historia de su pueblo, sus genes, desde su concepción, comenzaron el ciclo.
Dos mujeres machacan unas raices en un recipiente, con un palo apropiado golpean rítmicamente hasta pulverizarlas, unos niños hacen corro alrededor como aprendiendo la lección del vivir.
Ensimismado contemplo las imágenes como si me recordaran por donde pasó un día el pasado de mi persona; no es más rica la monótona trayectoria de un individuo de cualquier ciudad aborregándose detrás de cualquier trabajo o destruyéndose ingiriendo mierda para combatir el estrés originado a causa de la civilización -pienso. La impotencia aflora a mis pensamientos, justo en ese momento vuelvo al gran salón.
-Buenos días -dije al llegar a la mesa donde se encontraban.
Todos me miraron, Raúl me habló un tanto burlón.
-Macho, que estamos cenando, tienes el radar un tanto descontrolado, vuelve en sí y ponte a cenar.
Con los sentidos algo deteriorados me encamino al pasillo donde podré aprovisionarme de "manjares", de vuelta deposito mis músculos y demás componentes físicos y psíquicos en una silla que hay situada entre Edith y Resdán.
-Es imposible seguir, en las horas que llevamos aquí hemos visto más muertos... Yo particularmente no salgo de este aeropuerto mientras que no retiren los montones de cadáveres que se hacinan por calles, estadios y carreteras -dijo Silvia con ímpetu.
-Es un prodigio sobrenatural lo que estas personas han hecho, eliminar en dos días al noventa y cinco por ciento de la gente que en su día conquistó estas tierras, es algo que mañana cuando lo vean los habitantes del resto de la tierra pensarán en una resurrección masiva de los indígenas que ellos mismos eliminaron a través de los años que duró el
exterminio -cuando habla Resdán se distrae observando el interior del recinto, continua- soy tan privilegiado que cuando vuelva a Barcelona ofreceré la noticia a toda la prensa. Vivir tantos años refugiado en las miserias de tus enemigos ha de crear ideas para un día alzar la mirada y con los sentidos debidamente equilibrados embestir con tanto ímpetu que la confusión entre los intrusos será su derrota,lloro de rabia al presenciar la humillación de unos hombres y mujeres que conquistaron un continente, pero la felicidad que desprenden los vencedores tras tantos años de desilusión y vejaciones impregna mis sienes con el dulce sabor de la realidad. Mañana cuando estas gentes se enteren de lo que realmente han hecho llorarán de júbilo.
La cena iba siendo consumida, los seis hablábamos sobre el mismo tema, yo al igual que los demás ofrecí mi parecer y con referencia a lo que Ismael había comentado por la tarde le apunté que podríamos intentar "fugarnos" esa misma noche de madrugada, a mí particularmente se me hace agobiante la situación, el no poder salir sin esta gente...
-Claro -dijo Edith- es que aventurarse sin su protección resulta peligrosísimo, tanto que igual nos aniquilan confundiéndonos con ratas como ellos los llaman, de todas maneras si decidimos salir a vivir aventura mi cerebro está preparado y mi corazón también, prepararé el mini equipaje nada más volver a mi habitación, así en el momento que
decidamos...
-Yo particularmente -siguió Raúl- prefiero la seguridad del aeropuerto, si salgo solo estos individuos me matan, estoy tan acojonado que no me atrevo a nada, de todas maneras no os preocupéis por mí, el que tenga ganas de aventura que se vaya, le doy mi conformidad.
-Es tan poderosa la ilusión que siento al escuchar vuestras palabras que saldría ahora mismo corriendo, pero al mismo tiempo el sistema neurológico me acobarda avisándome del miedo que sienten mis neuronas al pensar en la posibilidad de morir, acompañaré a Raúl en la espera y que tengáis muchísima suerte si decidís la aventura.
Estas frases eran pronunciadas por Silvia, su voz ofrecía un tono de conformismo. Resdán, como si las palabras que pronunciara un momento antes lo hubieran dejado agotado no dijo nada, sólo con parsimonia engullía las viandas para extraterrestres, estaba visiblemente afectado.
-Veo que mi comentario ha hecho eco -comentó Ismael y siguió- la curiosidad y el afán por recorrer no ya las calles de Nueva York, si no todo lo que nos de la gana y poder de esta manera constatar las afirmaciones de estos individuos es lo que me insta a desertar, soy libre, mi familia y mis amigos -como diría el poeta- los llevo en mí, las explicaciones me las pediré si algo va mal, pero por el contrario si mis curiosidades me llevan a encontrar las ilusiones perdidas me animará a seguir por el camino de lo imprevisto, no pretendo engrescar a nadie para que me siga simplemente ofrezco mis razones, el fracaso o el éxito lo obtendremos fuera de estas paredes, en el recorrido, buscando algo o alguien que nos limpie el opaco cristal que nos rodea.
La cena siguió y la discusión-coloquio también.
Cuarenta minutos más tarde nos despedíamos hasta mañana en aquella sala comunitaria.
No podía dormir, la charla de la cena inundaba mis ideas, deposito todos mis pensamientos sobre la soberbia cama, de aquella forma, estirado, era como mejor organizaba el futuro inmediato si no me quedaba despistado en un profundo sueño, habíamos quedado a las cuatro y media de la madrugada, la odisea comenzaba a gestarse, quizá nuestros sentidos alterados se precipitaron al tomar aquella decisión, el caso es que dentro de unas horas Ismael, la catalana y yo nos encontraríamos para comenzar a "curiosear".
El silencio y la oscuridad nos ayudarían a pasar desapercibidos, entre las sombras, confundiéndonos con ellas, lograríamos despistar a las vigilantes. Un esférico móvil permanece aparcado junto a un árbol mientras nos fugamos, compruebo la cerradura y cede al oprimir el botón
que la abre, me introduzco en su interior, Ismael y Edith me siguen, una vez dentro acciono el resorte que pone en movimiento la bola, unos minutos más tarde nos desplazamos por las asoladas calles de Nueva York, es increíble, los edificios todavía humeantes ofrecen un ambiente terrorífico, los muertos han desaparecido por completo, las brigadas han
trabajado duro, no hay patrullas vigilando por ningún sitio, los libertadores seguros del total extermino en las grandes ciudades, ocupan sus esfuerzos en controlar las zonas rurales -pienso. La desolación nos estremece, el panorama que tenemos delante no es comparable a nada, las afiladas construcciones duermen escoltadas por las estrellas simplemente, vamos inspeccionando todo lo que aparece a nuestros ojos con la esperanza de ver u oír algo que nos pueda recordar que hace tan sólo unos días aquello era un hervidero de gente, una ciudad con vida, de momento no es así, los tres avanzamos dentro del artefacto prestado, los
tres desprendemos un sabor a incredulidad evidente y al mismo tiempo un miedo infernal se apodera por completo de nuestras ideas, hemos recorrido buena parte de la ciudad y toda presenta el mismo aspecto, fuera ya de la población nos dirigimos hacia el sur, con las últimas tinieblas y acariciando el resplandor que dará paso al nuevo día transitamos con la esperanza de encontrar algo que desdoble nuestra preocupación.
-El silencio y la fantasmagórica realidad que hemos dejado atrás entumece mi espíritu, mis músculos y mi cerebro, quizá realmente sea un sueño lo que estoy viviendo, pero es tan real que las sensaciones me producen olas de escalofríos.
-A mí -dijo Edith- me ocurre que la falta de saliva ha resecado mis palabras tanto que ahora mismo estoy haciendo un esfuerzo sobrenatural para articular estas frases. Ismael, despistado observando el ambiente, comenta.
-Muchachos, la aventura ha comenzado, ya sabíamos lo que encontraríamos, osea que levantad el ánimo y no me vengáis con falsos pensamientos, hemos de seguir por encima de las circunstancias, nuestras mentes han de romper el poder de maleficios y sensaciones, se han de atrincherar bajo ilusiones de superación y reforzarse a cada momento con la confianza de un héroe imaginario. El nuevo día -siguió- nos hará un blanco más visible, pero tengo la confianza de que nuestros "guardianes" nos han permitido la fuga.
-Por el momento al menos eso parece -apunté.
Con rapidez el esférico móvil nos va separando cada vez más de nuestros compañeros, los kilómetros o mejor dicho las millas las descuenta tan deprisa que hemos abierto un trecho posiblemente mayor de lo que nuestro sistema orientativo ha asumido, el eco de la desigual contienda siembra el recorrido con sus imágenes, las poblaciones que encontramos las dejamos a un lado, preferimos seguir sin detenernos vía Washington, la carretera es una autopista para vehículos con ruedas como los que había en Barcelona cuando salí, pero muchísimo más modernos y para esféricos móviles como en el que nos desplazamos, estos últimos utilizan estas vías más para no despistarse que para otra cosa, vamos suspendidos a unos ochenta centímetros del asfalto, aunque la posibilidad de elevarse a tres o cuatro metros en un momento dado existe, supongo que es para adelantar cuando la circunstancia lo requiera. Un desvío a la derecha en el que se puede leer "vigile su depósito, ahora está a tiempo de ahorrarse un disgusto", me hace reaccionar, compruebo con la mirada el reloj que marca el combustible y sin consultar a mis compañeros de viaje desvío el vehículo. La estación está solitaria, un rótulo me indica que el auto que llevamos consume algo diferente, lo aparco justo delante de un poste donde se lee "oxigsol" nos apeamos y mientras que Ismael y Edith se encaminan a fisgonear por los edificios que componen el área de servicio, yo conecto una manguera con válvula de seguridad al depósito del extraño coche, un manómetro bastante raro va contando, en atmósferas supongo, la cantidad que vacía en el interior, dos minutos más tarde y automáticamente me avisa.
-La car-ga es-tá re-a-li-za-da, la car-ga es-tá re-a-li-za-da.
Una vez he repostado, caminando me dirijo tras los pasos de mis dos compañeros, una tienda de souvenirs sin público y sin dependientes queda a mi disposición al cruzar una puerta cristalera, inspecciono con recelo las dependencias anexas al comercio, pongo sin querer en guardia un sexto sentido, el silencio me intimida tanto que me desplazo por entre
estanterías y tabiques con la suavidad de un felino, el miedo sin avisarme hace sonar mis cuerdas vocales.
-!Ismael, Edith!
Los gritos no obtienen respuesta, sigo buscando, una maqueta de la estatua de la libertad sume a mis preocupaciones en un tranquila y minuciosa inspección, es perfecta -dicen en su interior mis sensaciones-, no tiene fallo reconocible. La olimpiada de Barcelona ha sido un éxito, pienso al conectar mis pensamientos sensibilizados por la presencia de la antorcha que sostiene en su mano derecha, recuerdo una a una las medallas obtenidas por los deportistas españoles, nunca en la historia moderna de los juegos olímpicos hubo tanto sabor a gloria, España se libera de los velos bochornosos del huracán abstracto del caciquismo, debe ser eso -apunta mi corazón-, noventa y dos, año de ilusión, Sevilla y la "expo" o exposición universal, Madrid y su responsabilidad de ciudad europea de la cultura, un país crecido, un país con ramificaciones de superación, un país viejo relativamente joven, un país abiertamente soñador decidido a aprender a digerir el futuro. Nunca un país ha vivido tantos cambios en tan corto periodo de tiempo, la repugnante historia española hasta el año mil novecientos treinta y seis dio paso a la repugnante historia española en su calidad de dictadura para, en el año mil novecientos setenta y siete canalizar todos los sentidos de unos pueblos a la mayor de las victorias que la humanidad pueda anotarse en sus archivos particulares, la "democracia", la lucha de superación derramada por las mentes de los ciudadanos ha impregnado las sienes de sus atletas contagiando con ella sus músculos hasta catapultarlos al Olimpo. Ahora con añoranza recuerdo las aglomeraciones vividas en los días que duró el evento, Barcelona más moderna y maravillosa que nunca distrajo con sus amabilidades y sus instalaciones a tanta gente que
mañana cuando hay a pasado "la vida" todavía se saborearán sus inquietudes.
La voz casi histérica de Ismael abrió una doble sensación en mi persona, por un lado hubiera preferido seguir recordando cosas de Barcelona y del resto de España, pero por otro lado un alivio inmensamente agradable recorrió las partes más emocionantes de mi espíritu.
-!Estoy aquí, estoy aquí, voy, voy!
Mis gritos salieron del interior de mi alma, algo aporreó con tanta fuerza en ella que antes de abrir la boca, Edith e Ismael ya me habían oído.
-?Dónde te has metido? -dijo Edith y siguió- "esto es nuestro". !Da una impresión recorrer tanta superficie comercial sin que haya nadie que te prohíba hacerlo, es realmente escalofriante!
-Hemos decidido almorzar algo, aquí en este rea podemos habituallarnos a nuestro gusto, hay un supermercado repleto de viandas, además tenemos a nuestra disposición los congeladores y las neveras del restaurante atestadas de comida -así, con alegría, se expresaba Ismael-, es algo prodigioso. !Carne! Hay carne en filetes.
No fue difícil convencerme, las horas que llevábamos funcionando habían quemado calorías suficientes y mis jugos gástricos reaccionaron al oir la palabra "carne". Sin perder más tiempo Edith nos agarra a cada uno de un brazo y así los tres nos dirigimos al interior del restaurante, una vez dentro fisgoneamos aquí y allá, nos sorprende, al abrir la puerta de la cocina, un personaje mecánico.
-Es-te es un re-cin-to pri-va-do, ru-e-go sal-gan in-me-di-a-ta-men-te de él, de-po-si-ten en la ven-ta-ni-lla su co-man-da, a-quí no de-ben en-trar.
Las amenazas verbales y la amenazante postura del individuo con una mano levantada sosteniendo en ella un cuchillo de los típicos de carnicero no dio paso a discusión posible, un salto atrás fue nuestra respuesta, buscamos papel y lápiz, hicimos nuestro pedido en el cual resaltaba la abundancia en proteínas animales, lo depositamos en la ventanilla. Aquella persona con aspecto de robot se acercó y cogió el escrito, unos minutos m s tarde se podía apreciar como funcionaba el sistema característico típico de cualquier cocina. Mientras, nosotros, nos dedicamos a montar una mesa con el material que encontramos por allí, unas velas de cera de abeja coronaban la parte superior de unos candelabros tan finos que podían ser de porcelana japonesa, las servilletas bordadas juraría que eran de papel reciclado, los cubiertos transparentes ofrecían un aspecto singular, todo allí, en el interior de los aparadores, era especial. Una vez terminamos, la mesa parecía la de un escaparate de fantasía, degustábamos un vino negro con sabor y cuerpo de crianza, el ruido que hicieron las puertas de la cocina al abrirse nos hicieron girar la cabeza en aquella dirección, el espectáculo era tan irreal como nuestra situación, aquel humanoide empujaba un carro, al llegar a
nuestro lado comenzó a hablar.
-Fi-le-te de tres-ci-en-tos gra-mos, e-qui-va-len-te a en-tre-cot, mu-y he-cho.
Edith levantó la mano diciendo:
-Es para mí.
-So-lo-mi-llo de cu-a-tro-ci-en-tos gra-mos en su pun-to, a la plan-cha.
-Yo, lo he pe-di-do yo -dije, contagiado por sus palabras.
-A-sí -continuó la m quina cocinera- es-ta pi-er-na de cor-de-ro al hor-no es pa-ra us-ted. ?No?.
Ismael, boquiabierto al igual que nosotros, afirmó con un:
-Siii, siii, és-to e-ra lo mío.
-Si de-se-an al-gu-na co-sa m s no du-den en pe-dir-lo, en-se-gui-da lo ten-drán, úl-ti-ma-men-te no vi-e-ne na-di-e por a-quí, me es-to-y o-xi-dan-do al no ha-cer na-da, a-di-ós.
Los asados están exquisitos, el vino también, el apetito va remitiendo a la par que engullimos tan apetitosa comida. La presencia de tan inesperado y rarísimo ser nos imprime un nuevo punto para el diálogo. -El primer ser animado que descubrimos fuera del aeropuerto es una cafetera con humos, yo creo que si entramos en la cocina nos rebana -habla Ismael, y sigue-, me he acojonado tanto que pensaba que iba a matarnos. En fin, la comida que cocina este amenazante extraterrestre endulza con sabores sabrosísimos sus humos desafiantes.
-El instinto carnívoro me hace saborear uno a uno los trozos de filete que voy masticando hasta triturarlos para extraerles sus substancias alimenticias, la falta de proteínas visibles y reconocibles ingeridas en estos últimos días habían puesto en guardia mis glándulas salivares -Edith hablaba pausadamente-, este reconstituyente nos da ánimos para seguir.
Con la boca entreabierta intentando articular alguna frase con la que enriquecer la conversación coloquio estaba yo cuando las puertas de la cocina me lo impidieron, aquel bípedo mecánico de dos metros de altura salía por ellas.
-?De-se-an al-go más, pos-tre, ca-fé, al-gu-na co-pi-ta?
Nos decidimos por el café, la impaciencia por ver y conocer el ambiente y los residuos de la contienda nos hizo aligerar el ágape renunciando a los postres. Llevábamos una hora más o menos en aquel sitio y nuestro pensamiento se precipitaba en dirección a Washington, cinco minutos después de saborear los cafés y despedirnos del ingenuo mozarrón salimos con prisas del solitario y aislado "caserío".
Vamos dejando atrás pueblos y ciudades, por todos ellos se respira la misma sensación de silencio y soledad, nuestro viaje continúa, los efectivos militares siguen sin molestarnos, el vehículo se comporta, la velocidad de crucero no disminuye, el conducir esta m quina es tan cómodo que en ningún momento me he planteado la posibilidad de un cambio de conductor.
Unas horas m s tarde nos encontramos en las inmediaciones de la capital de los estados, iniciamos la inspección en el momento en que los rótulos nos comunican el espacio físico donde comienza la población, los edificios donde vivía gente al igual que en Nueva York todavía humean sus últimos rescoldos, las calles desprenden olor a carne humana socarrada pero los muertos ya no existen, volteamos por las avenidas sin éxito, ante nosotros descubrimos la Casablanca, su estructura intacta nos hace pensar que sus inquilinos han sido aniquilados sin violencia, nos apeamos del esférico móvil y con cautela nos introducimos en el palacio, permanecen todas las puertas abiertas, el miedo al silencio nos agrupa, los objetos que componen el mobiliario y enseres decorativos están tan estudiados que los salones y dependencias que vamos visitando nos alteran los sentidos con su belleza, el tiempo pasa satisfaciéndonos segundo a segundo con su caminar, huimos del exterior camuflándonos en los tesoros que descubrimos por doquier, no dialogamos, simplemente imaginamos el poder de saturación que unas personas atesoran "a su nombre" con el esfuerzo de un pueblo libre. Seguimos enriqueciendo nuestro culto a lo m s hermoso fabricado por los humanos, un museo de deslumbrantes artilugios y maravillas va desmoronando el temor que nos
acongoja, mil pasiones e ilusiones nos transmiten el sabor del espíritu al manar hacia nuestro pensamiento, no caminamos, nos desplazamos sobre el aliento que despiden las ilusiones que nos invaden. Ahora me explico la lucha por llegar al centro de una comunidad, el sabor que debía sentir cada mañana el inquilino de esta casa se apodera de los lazos internos de lo cotidiano.
El disfrutar de lo ajeno con bastón de superioridad ensancha la ilusión tanto que mañana, cuando deciden desnivelar el listón a favor de tu oponente, la congoja de tus prepotencias se oye en el umbral de cada hogar.


Estamos sino perdidos si totalmente despistados, la descomunal edificación nos engulle por sus intestinos confundiéndonos con sus oropeles, un nuevo cuadro, la ilusión, la riqueza pictórica expuesta con autenticidad y poder por su creador en el lienzo que tenemos enfrente nos deslumbra, a mí se me escapa....
-!Qué maravilla! el dueño del saber que lo realizó, sin duda, fue un hombre afortunado.
Apoyaron mi afirmación con la mirada y en silencio, como si no quisiéramos perdernos detalle de lo que encontráramos a continuación seguimos nuestro singular recorrido sin nadie que nos impidiera acceder a ésta o a aquella sala.
Los tres juntos escudriñábamos con la mirada entre un sin fin de posibilidades, formas y casualidades, el olor a pasos recientes por pasillos y dependencias nos eriza las ideas y nos aumenta las pulsaciones, el perfil de la realidad influye en nuestro ánimo. La salida, después de un rato de contagio histórico, histérico, prepotente, singular,
ilumina nuestras partes m s pasionales, un suspiro de alivio centrado alrededor de nuestros sentidos se desprende del grupo sin detectar exactamente de qué cuerpo sale, dentro de unos segundos nos refugiaremos bajo la claridad de un día despejado, posiblemente el miedo y la angustia que sentimos los alimentamos con el subconsciente, las paredes que delimitan los salones y pasillos esconden nuestra inseguridad, el paso que damos al girar un recodo sin saber lo que nuestros ojos descubrir n al darlo, nos ha comprimido las sienes poco a poco, ahora al descubrir la salida, de júbilo, nos relajamos.
El armonioso contraste que presenta el verde luminoso que desprende el jardín al ser acariciadas sus plantas por los rayos de un sol radiante impregna nuestros sentidos, las pupilas dilatadas lo necesario para captar las ilusiones vividas en el interior se van contrayendo con lentitud, una vez afuera y con una sutileza deliberadamente espiritual vamos observando los alrededores intentando descubrir algo o alguien que se mueva. Allí a unos metros nos espera el esférico móvil, el jardín se confunde con un exuberante y cuidadísimo bosque compuesto por una flora debidamente seleccionada, árboles y plantas delimitadas entre sí con arte -conjuntamente con las paredes externas del soberbio caserón- originan un paisaje de postal. Con la intención de seguir rumbo hacia el atardecer de nuestras preocupaciones, abrimos la portezuela del coche y comenzamos a subir, en ese momento siento un pinchazo terrorífico en la espalda justo en la paletilla derecha.
Despierto la conciencia a la par que levanto mis párpados, el paisaje me recuerda un film hecho para recordar la lucha encarnizada que sostuvieron al conquistar estas tierras, estoy tumbado boca abajo, intento levantarme, un fuerte dolor de cabeza me avisa que lo he de hacer con delicadeza, a Edith e Ismael los descubro tirados en el suelo a unos metros, luchando alimento mis fuerzas para conjuntarlas en una sola dirección, como puedo deposito mis posaderas en el suelo, levanto mi cabeza hasta situarla a una altura de un metro más o menos, sentado, con los brazos estirados y las manos apoyadas en el suelo, procuro mantener el equilibrio, erguido de caderas para arriba aspiro el oxígeno que me piden los pulmones con un rítmico jadear, miro hacia el infinito como queriendo descubrir el negro agujero en el que me hayo sumido, disperso mi curiosidad por el viento intentando poder complacerme, un paredón natural tan alto que se confunde con las nubes me impide emborrachar a mis ojos con la sabrosa sensación que proporciona el impacto de un paisaje abierto hacia un horizonte sin límites.
Mi mayor envergadura es la causante de mi solitario despertar, confío no obstante que mis dos compañeros no tarden en hacerlo. Giro la cabeza lo suficiente y descubro otra pared de iguales dimensiones que la primera, de esta última me separan unos doscientos metros debidamente trabajados por los elementos naturales en el tiempo, los montículos y hondonadas se camuflan entre arbustos, matojos y algún que otro árbol centenario, aves chillonas revolotean por los acantilados olvidándose de que sus progenitores nacieron hace miles de años -aquí la historia no ha empezado, pienso-, la libertad que siento en estos momentos sólo se debe describir cuando uno tenga la posibilidad de trasladar al lector a un instante de sensaciones tan naturales... que la fuerza de ellas mismas nos confundan con su divinidad. Un hombre y una mujer aparecen ante mis visiones.
-Tres más.
Dicen escondiendo sus palabras pronunciándolas a media voz.
Resdán, Silvia y Raul quizá están en el salón del aeropuerto y en la gran bola, en la pantalla que pertenece a este sitio donde estamos, nos descubran. Mientras se acercan las dos siluetas y por unos instantes mi pensamiento acaricia esta posibilidad.
-"Estas ratas permanecer n allí hasta el día que se mueran y también sus descendientes, el daño que propinaron a nuestros antepasados y a nosotros mismos lo sufrirán permanentemente transmitiéndolo día tras día a quien los visite" -Así hablaba el hombre al detenerse junto a mí utilizando las palabras de uno de los militares que los trasladaron hasta aquí según dijo él mismo-. Han aniquilado a tanta gente -siguió diciendo- que he de dar las gracias por sentirme con vida, pero al mismo tiempo sufro el agobiante resquemor de saber cómo y de qué manera han
masacrado a toda una sociedad -el hombre camuflaba sus sentimientos al hablar- San Francisco ha sido destruido por completo y en una sola noche, los pillaron durmiendo, yo estaba fuera disfrutando de las maravillas de la naturaleza con Sonia -miró a la mujer-, cuando volvimos, el terror fue lo único que encontramos, muertos, ruinas, el más repugnante de los espectáculos nos abrazaba por todos los sitios, al descubrir que nuestra vivienda al igual que todas las demás era devorada por las llamas decidimos refugiarnos por alguna Montaña cercana y así nos pusimos en camino, al pasar por delante de unos grandes almacenes intactos por el fuego y la masacre paramos nuestro vehículo y nos adentramos en el edificio con la intención de procurarnos alimentos para unos cuantos días, todo perfecto, pero al salir nos estaban esperando amenazantes dos militares, nos introdujeron en una nave del ejército y con comida incluida nos trasladaron a este desierto, el sudoeste de Yuta, tierras de los antiguos Navajos, nos han dicho que es esto -el hombre prosiguió hablando-. Se trata de una reserva, sólo a unos cuantos nos dejar n con vida, han elegido uno de los muchos cañones que existen por estos parajes para ubicarla, hablaban de trescientos individuos esparcidos en un terreno de sesenta kilómetros de largo por dos de ancho, ser duro sobrevivir.
Sonia ayudaba a Ismael a sentarse.
-?Dón-de, dónde estoy? -gritaba Ismael.
-En la montaña -le apuntaba Sonia-, estamos en la montaña, no te asustes, el peligro ha pasado.
-Los negros, los indios y los nativos sudamericanos se han aliado, la escoria del país nos ha derrotado -el hombre seguía su relato-, dejadles que crezcan entre nosotros sin cortapisas ni censuras, así se organizarán un día con tanta saña que aunque su inferioridad numérica cuente de diez a uno, su estrategia debidamente calibrada nos abatir sin ocasión de defendernos, estoy maltrecho, mis reflejos se han adormecido, mi cer bro visiblemente tocado llora ante la impotencia que siento, el poder ilumina mis sienes al acariciar con la vista estos parajes vírgenes de cenicientas malvadas, las comodidades que edifiqué durante mi caminar por el tiempo perecieron mientras disfrutaba sin ellas. Esto es el caos, sufriré el destierro hasta que mis fuerzas se conformen con esta esclavitud, luego, cerraré mis sentidos y sin timón mi anatomía se precipitará hacia un viaje donde los navegantes nunca volvieron -el hombre acabó así su relato.
He recuperado por completo mi actividad corporal y psíquica, el hombre que tengo delante se expresa un tanto confundido pero remarcando sus frases con un tono claramente despreciativo. Mientras, Ismael se ha recuperado parcialmente y Edith comienza a hacerlo.
-?Qué ha sido esto? !Me da vueltas la cabeza! ?Dónde estamos?
-Tranquila -la consuela Sonia- ahora procura relajarte y en unos minutos te sentir s como nueva.
Introduzco la mano en el bolsillo donde guardé el salvoconducto, lo extraigo y lo miro con amargura, esta mierda no nos ha servido de nada -pienso-, quienes fueran los que nos durmieron ni siquiera saben que disponemos de él.
-Por culpa de esos desgraciados -comenzó diciendo Ismael- vamos a convertirnos en animales de zoológico si no he oído mal a este compañero, yo me voy cuando me haya recuperado.
-No tan deprisa -dijo Sonia- están alambrando todo lo que han decidido dejarnos como territorio, tres vallas diferentes, separadas entre sí unos veinte metros, imposible escaparse, además, entre valla y valla piensan poner vigilancia, esto se convertir en Cincinnati, trescientas personas pululando por este infierno no aguantaremos.
-?Cuándo habéis llegado vosotros? -Dije dirigiéndome a Sonia.
-Este mismo día por la mañana -contestó.
-Estoy aturdido, ha sido todo tan instantáneo que todavía no puedo asumirlo, tenemos comida y una especie de choza refugio cerca, podemos intentar caminar hasta allí, parece que tu amiga y tu amigo se están recuperando, la supervivencia no es mi fuerte pero lo primero que se nos ocurrió al abandonarnos aquellos militares fue construir con matas un pequeño cobertizo. Ah!, mi nombre es David.
Una vez Ismael y Edith pudieron caminar nos dirigimos a la "mansión" de David y Sonia, veinte minutos más tarde teníamos ante nosotros la fachada.
-Esto es nuestro refugio.
Cuatro ramas dispuestas intentando imitar a una choza del pasado era lo que nos ofrecían. Todos estábamos agotados y aunque no sentíamos hambre lo mejor era, como dijo David, reponer las calorías perdidas, dormir un poco y mañana quizá con las ideas m s claras comenzar nuestro caminar en aquel pintoresco lugar.
Con no pocos momentos de desesperación y nerviosismo fueron pasando las horas nocturnas hasta que las primeras luces del alba comenzaron a romper las oscuras tinieblas, los ruidos y las sombras de la noche nos intimidaron, neófitos en experiencias insólitas nuestros pensamientos se refugiaron tras nuestras impotencias. El desayuno lo efectuamos caminando, la idea de Ismael nos agrupó a los cinco, la falda de aquella pared se remontaba sin mucho esfuerzo, mis cualidades físicas en seguida me dispusieron como guía o cabeza de expedición, conforme ascendíamos por el angosto paisaje las formas y novedades nos sorprendían, un río no muy caudaloso se vislumbraba desde unos ciento Cincuenta metros de altura, la vegetación nos facilitaba la ascensión, la escalada se endurecía a cada momento, el entusiasmo por conocer lo que nos esperaba en lo m s alto de la inmensa pared nos reforzaba los músculos, una cornisa de unos dos metros de ancho dispuesta casi vertical adosada a la roca, creada cuando la misma roca, nos permite ascender en armonía, en un rellano natural nos abrazamos los cinco pegados al sólido vertical, trescientos metros m s o menos nos separan de nuestra posición inicial, comienza otro intento, el grupo me sigue, la ascensión se convierte en escalada libre, cien metros más y la cornisa se confunde con la pared, una inmensa boca se abre al final, la boca se introduce hacia las entrañas de la tierra, de ella, como si vomitara, sale un chorro de cristalina y sabrosa agua, nos adentramos por la gruta hasta unos cien metros, la oscuridad y un recodo en su recorrido nos hacen desistir, nos hemos refrescado y relajado un tanto, la ascensión se vislumbra como algo imposible, nuestras ilusiones se desmoronan, la roca aquí es una pared completamente lisa, desde esta postura me asomo al exterior, la naturaleza y el tiempo han erigido a izquierda y derecha un valle tan dispar que parece que estoy asomado a la ventana de un cuento.
-Si es verdad que esta tierra perteneció un día a alguien, este palco natural lo deberían utilizar como el mirador del éxtasis -dije al descubrir tanta belleza.
Catedrales de piedra erigidas o mejor dicho extraídas de sus cimientos debido a la erosión originada con el paso de los tiempos, monolitos tan estilizados, verdaderas obras de ingeniería natural, mil formas y colores se levantan ante mí. Está tan bien situada esta gruta que la perspectiva desde aquí es perfecta, en el vértice inferior de un recodo en forma de V, donde se encuentra esta cueva, estoy acariciando el mismo sabor a paraíso que los Navajos saborearan desde que la descubrieran. Más que un valle este paisaje esotérico es un gran cañón, aunque en algunos tramos se abre entre sus murallas más de dos mil metros. Por unos momentos olvidamos nuestra delicada situación, el grupo entero contemplamos las maravillas sólo visibles desde este palco natural.
Unos minutos llenos de sensaciones y después comenzamos a descender, la bajada se nos presenta como una cosa bastante m s complicada pero con la colaboración de todos el peligroso escollo lo salvamos con éxito. Una vez en el suelo firme del valle descubrimos uno de aquellos aparatos tomando tierra a unos dos kilómetros de donde estamos, Ismael como si hubiera visto la puerta de la libertad sale corriendo en esa dirección, caminando le seguimos los cuatro, sin dar tiempo a que Ismael llegue a donde ha aterrizado vuelve a izarse la bola, nosotros seguimos andando, al llegar al replano donde el esférico ha estado detenido unos momentos antes encontramos a Ismael recostado sobre un embalaje bastante grande llorando como un chiquillo.
-!Me han visto y oído, me han visto y oído! -repetía acongojado sin cesar.
David, rompiendo su envoltura, comenzó a destapar el abultado paquete.
-Estos hijos de puta. ?Qué nos habrán dejado? Se tendrían que estrellar contra esa pared -decía estirando con fuerza de los precintos que lo sujetaban-, es comida, no quieren que nos muramos de hambre, han aniquilado a un montón de millones de personas y sin embargo a nosotros nos alimentan.
-Ya lo dijo aquel bulldog que nos trajo, seréis el emblema de lo que no se ha de hacer sobre la tierra, viviréis aunque lloréis vuestra casualidad de haber nacido -Sonia estiraba también del embalaje al hablar.
-Yo -hablaba Ismael con lágrimas en los ojos-, no descansaré hasta encontrar el camino que me saque de este lugar.
Los trabajos de transporte de aquel cargamento, la reforma de la "mansión" y el comienzo de aprender a comenzar en aquel desértico paraíso nos ocupó a los cuatro toda una semana, Ismael, el día que recibimos el gran paquete nos dejó sin darnos tiempo a reaccionar. De momento disponíamos de fuego por lo que algunas comidas, todas ellas eran de larga duración, podíamos calentarlas aprovechando las latas de las conservas, también con las latas fabricamos puntas para flechas; con un tanto de imaginación y recordando mi infancia, hice un arco con un chupón de roble y el cinturón de Edith, lo he probado sin suerte un par de veces pero con entreno seguro que acabaremos comiendo algún día ave asada. El río lo tenemos bastante cerca, no es muy caudaloso pero
hay remansos donde se originan albercas naturales tan cristalinas como sabrosas; hemos reflexionado sobre el tema, Edith, al igual que yo, nos desplazamos a estas tierras con intención de conocer algo nuevo y de divertirnos, por lo tanto, mientras que no saturemos nuestras ideas de tranquilidad y bienestar no seguiremos a Ismael; David y Sonia por el momento también lo tienen claro. Nos dedicamos a pescar, al mismo tiempo vamos reforzando la "casa", ayer hicimos una excursión al palco natural, el disponer de un balcón como este para organizar una comida entre amigos nos catapulta a una élite especial, hay sabor a otros "reservistas" por el ambiente, de momento no nos hemos tropezado con nadie. El estrecho cerco en el que nos encontramos se abre hacia nuevas sensaciones, pienso y recuerdo con felicidad al antepasado prehistórico que se desplazó por estos parajes cuando la historia todavía no se anotaba sobre las hojas de un libro, en el contacto puro con los elementos naturales me siento con ventaja, el fuego, el conocimiento..., ayer encontramos una higuera salvaje, disfrutamos degustando sus frutos compartiéndolos con las atrevidas aves del lugar, nos hemos desplazado hasta unos cinco kilómetros hacia un lado y otro recolectando hierbas y bayas silvestres y no descubrimos a gente alguna, no somos expertos pero entre los cuatro aportamos conocimientos suficientes para además de subsistir con las viandas que nos transportaron los militares enriquecer nuestra dieta con productos olvidados por buena parte de la humanidad. El arco se ha convertido en un arma afectiva, las flechas fabricadas de madera con la afilada punta de latón disparadas con certeza por Edith y Sonia nos han reportado algún que otro pájaro aumentando de esta forma la dieta proteínica animal, David y yo, sin mucha práctica, intentamos arrebatar de las aguas del río algún bicho comestible.
Ismael no ha vuelto, hace veinte días que se marchó, nosotros acoplados o mejor dicho integrados con el ecosistema disfrutamos sintiéndonos intrusos en el salvaje territorio, las noches con sus ruidos y sombras han dejado de ser algo espantoso para convertirse en amenas sinfonías, trasnochamos sentados alrededor de una lumbre que procuramos mantener avivada hasta que decidimos acostarnos, dormimos bajo el techo de plantas de nuestro apartamento, la única ropa de la que disponemos va deteriorándose, durante el día permanecemos desnudos para así alargar el máximo tiempo posible la vida de nuestros vestidos, la temperatura es agradable aunque por la noche baja unos grados, el oscuro firmamento, al igual que hiciera con aquellos seres hace cientos de años, nos sorprende con sus brillantes luceros.
Las conversaciones que mantenemos son siempre sobre nuestras andanzas, lo que hemos hecho o lo que haremos, en ningún momento destapamos los recipientes que mantienen controlado al amargo humus que unos días atrás nos contagiara con su hedor.
El amanecer del vigésimo quinto día nos despertamos con una sorpresa inesperada.
-Soy yo, tranquilos, todo esto es un infierno, la gente se ha vuelto loca -Ismael con un aspecto terriblemente deteriorado era el que hablaba desde la puerta del cobertizo.
Nos levantamos rápidamente y con entusiasmo mientras desayunamos nos ponemos a escuchar lo que con emoción comienza a contarnos Ismael.
-Se ha de caminar mucho para encontrar alguna persona, yo el día que me marché fui perdiendo el tiempo intentando subir por las paredes que nos rodean sin éxito, a los tres días y después de caminar sin descanso encontré la salida -hablaba con parsimonia-, es inconfundible, está atestada de gente, doscientas personas forman una hilera ocupando la empinada vereda que sube hasta la parte superior de aquella oscura roca, sin dormir y comiendo muy poco se aferran en su sitio sin dar lugar a que nadie les pase delante, a mí en todo este tiempo me han dejado llegar hasta doscientos metros de altura m s o menos, viviendo el trágico panorama decidí volver antes que morirme de hambre y de pena, es un drama, es la desilusión, he pasado días enteros sin comer y expuesto al sol, para llevar a cabo mis necesidades fisiológicas tenía que esperarme a la noche y en algún envoltorio de la poca comida que llegaba a mis manos hacerlas. Este llanto con el que estoy explicándoos mis andanzas es más de gozo y satisfacción por haberos encontrado que por mis recuerdos infernales, aquí estáis en un trozo de Edén, os encuentro mucho mejor que cuando me marché, lo que no entiendo es como disponéis de la suficiente sangre fría para seguir sin alteraros. !...jo! Este invento de la lata y la infusión sienta de maravilla. ?Puedo ponerme m s? Veo que la "mansión" va tomando forma. ?Quién es el arquitecto? ?Han vuelto los hijos de... que no me esperaron? Moriré en este lugar solitario, tomé el vuelo de los idiotas, la vida me traicionó -sus palabras ahora se
confundían con un rezo a media luz.
-?Está muy lejos la gente? -Interrogó Edith.
-No tengo muy buen cálculo sobre el tiempo y el espacio, pero yo diría que a unos veinticinco o treinta kilómetros.
-?Qué comentarios hace la gente en tan extraña situación?
-Le pregunta David en un tono tristón.
-Están tan extenuados que más que comentario alguno lo que se oyen son lamentos, tienen roto el pensamiento, las ideas las dirigen todas en la misma dirección, no soportan la realidad, se empeñan en salir de un pozo debidamente vigilado, morir n..., morir n si no desisten a una empresa imposible, los veinte o veinticinco niños que hay les están dando una lección de como compensar la debacle, mientras sus progenitores destrozan su personalidad en una lucha bochornosamente inútil, ellos alimentan sus curiosidades retozando, nadando y escalando por los alrededores, se les ve tan vivos que da la sensación de que la naturaleza del lugar les ha inyectado parte de su energía. Yo mismo he estado al borde del abismo, pero al final las esporas de mis tomos se abrieron engullendo en su interior la cordura y la esperanza.
-Descansaré..., descansaré en vuestra compañía -siguió hablando Ismael- con la esperanza de que esto se estabilice y después tal vez nuestro destino se confunda en el zócalo de la lucidez.
El desayuno aquella mañana se alargó bastante, unos escuchando y el otro relatando las peripecias y sinsabores que le habían acontecido a él mismo fué lo que nos mantuvo "relajados" durante unas horas. Un modernísimo avión al cruzar el valle por encima de donde estamos alteró el ameno y alargado resopón; en octavillas lanzadas desde el aparato se podía leer:
"En primer lugar queremos tranquilizaros, nadie os hará daño, con regularidad iremos transportándoos comida para que os alimentéis, hay terreno suficiente para que podáis rehacer vuestra vida, es inútil que intentéis escapar, todo este recinto permanecer fuertemente vallado y vigilado para siempre, dentro de este mini sistema natural hemos introducido doscientas cincuenta personas, no se trata de venganza alguna, seréis una muestra permanente para el resto de la humanidad, disfrutad, multiplicaos lo mínimo, edificad vuestro futuro en la prepotencia de vuestros antepasados y recordad que vuestra estirpe está exterminada por completo sobre estas tierras.
Firmado:
La libertad.

Nota:
Podéis permanecer en este valle hasta que vosotros mismos decidáis aniquilaros".


-Desnudo mis perspectivas y con ahínco luchare por sobrellevar los pasos que dé mientras mi cuerpo se desplace por este pedazo de planeta en el que me han introducido -así se expresaba Sonia después de leer el comunicado-, daré la vuelta a los paneles de mis ideas y resucitaré en mis sensaciones el aura de una nueva persona.
Ismael con los brazos abiertos y mirando al aparato gritaba como queriendo alcanzarlo.
-Bajad, bajad -decía-, tengo salvoconducto, estoy aquí erróneamente, tengo amigos en el aeropuerto de Nueva York...
Todo su esfuerzo se desvaneció al desaparecer el avión sobre las terrazas de la descomunal pared.
-Nos han dejado m s claro lo que ya sabíamos -comentaba David-, nuestra ilusión es nuestra verdad, el esfuerzo de la complejidad que hemos de superar sobre estos parajes nos curtir desde hoy mismo.
De rodillas y mirando la hoja que nos habían lanzado un momento antes, se encontraban Edith, David y Sonia al igual que yo mismo, Ismael volvía destrozado de su intento. Los cuatro nos relajamos unos instantes depositando nuestros cuerpos sobre la tierra boca abajo y con las manos estiradas como intentando acariciar un sueño, después con la fuerza de un psicópata nos pusimos de pie y nos abrazamos los cinco -Imael ya había llegado-, con las manos agarradas nos desplazamos corriendo intentando aproximarnos lo suficiente al borde de nuestra alberca particular para, desde allí, zambullirnos en sus cristalinas aguas.
La brisa endulzaba mi caminar por aquella ladera, iba de caza, sin embargo comencé a ilusionarme desandando el camino que me trajo hasta aquí, dos mil años atrás y el paisaje se confundía con el de aquel día, tanto verde, tanto silencio, tanta belleza, mis ojos saboreaban el silvestre atardecer descubriendo seres libres buscando aquí y allí el sustento que les permita seguir sobre este planeta, me descalcé para así apreciar con el tacto las sensaciones que desprendía el áspero paraje, algún que otro árbol desperdigado por la ladera engullía en su interior un sin fin de aves que caprichosas revoloteaban antes de posarse sobre sus ramas, lo que sentí aquel día destapó en mi interior pensamientos hábiles para enriquecer mi personalidad. Ahora en el trayecto que he recorrido al lanzarme desde el borde hasta esta balsa de aguas delicadamente mansas lo he recordado animándome a continuar.
-El agua está deliciosa -decía Ismael un tanto relajado- no me extraña que aquellos simpáticos reyezuelos afloren a sus semblantes tanta felicidad.
-!Mirad,mirad, he pescado un pez! -Nos lo enseñaba David con una cara de felicidad contagiosa.
Aquella mañana la devoramos divirtiéndonos, posiblemente de una manera m s entera que cualquier otra, recorrimos las aguas del río buscando, o mejor dicho, tocando sus felices inquilinos, nuestra presencia allí les obligaría a perfilar sus reflejos, no tenemos que olvidar que un valle virgen alberga en su hábitat seres vírgenes. Sinónimo de candidez.
Como si leyera mis pensamientos alguien interrogó.
-¨Por qué se le denomina virgen a cualquier paraje donde no haya pisado el ser humano? -preguntó Edith con un tanto de burla.
-Es la civilización la culpable de tan certero calificativo, su presencia en las mentes dóciles de las gentes que un día la incorporaron en sus rutinas ha desparramado por el universo terrenal tanta miseria y tan dispar número de atrocidades que donde se implanta su germen preña de suciedad hasta el lugar m s recóndito -mis palabras eran escuchadas por el grupo en silencio-, con el tiempo, nosotros mismos aquí en este lugar transportado hasta estos días tal y como se originó en sus comienzos, si no nos lo proponemos, haremos que se confunda con cualquier trozo de planeta donde la civilización habita cual perenne inquilino.
-Nunca impregné mi cuerpo y mis sentidos -comenzó diciendo Sonia- con tan sabroso y volátil ungüento natural, huelo, respiro, toco, veo y oigo sus caricias, nunca imaginé lo poco que cuesta ser feliz.
Tumbados encima de la hierba, bajo los rayos del sol, dormitamos dejando a nuestros cerebros revivir imágenes oníricas, nuestro silencio ilumina el valle ofreciéndonos sus misterios siderales.
Me introduzco en los avernos de una pesadilla, la contienda es excitante, golpeo con saña la cara sin rostro del ser que me aterroriza, mis puños sangran, el dolor que esculpe sobre mi persona tan ridículo personaje levanta ampollas de un líquido viscoso en la epidermis que cubre todos los músculos y materias de mi anatomía, corro sin posibilidad de avanzar y aunque las partes más vitales van desprendiéndose de mi cuerpo no dejo de respirar, el desarrollo de la lucha me otorga poderes de superioridad y aunque me extirpa las entrañas no me destruye, sigo luchando con rabia, intento destrozarle la cabeza con un pesado objeto que descubro a la altura de mi mano derecha ?He herrado el golpe? ?Ha desaparecido? ?Dónde está?. !Estoy en el interior de su asquerosa estructura! !Camino con sus pasos! !Me busca! Pisotea mi corazón, mi cabeza y mis testículos desparramados por el campo de batalla, al presenciar tan macabra escena me compadezco gritado con las fuerzas del infinito, oigo una explosión, después la calma, me relajo, escucho voces, las reconozco, abro los ojos y con placer constato la realidad, en una gran sala Raúl, Silvia y Resdán conversan sentados alrededor de una mesa, desplazo la mirada para curiosear y descubro inertes boca arriba a Edith e Ismael.
-Habéis vuelto a la vida, la casualidad os ha sacado del abismo, la pantalla perteneciente a aquellas tierras ha sido vuestro salvador, en la forma de sacaros de allí ha sido cumplido un deseo nuestro, pensamos, una vez os descubrimos, que la mejor forma de no herir nada m s que lo necesario a vuestros amigos Sonia y David sería ésta -Silvia iba gesticulando con las manos al mismo tiempo que miraba a Resdán y Raúl cuando me contaba lo ocurrido.
Dos horas más tarde charlábamos los seis en el inmenso comedor.
Los tres nos contaron como habían recorrido gran parte de las tierras del antiguo país como ellos mismos apuntaban, es una ilusión sobrevolar y ver el ambiente, todas las grandes ciudades han sido desbastadas y abandonadas, sin embargo los pueblos m s pequeños después de poblarlos funcionan en armonía -hablaban los tres sin que nadie les organizara el turno- es algo impensable si no se vive, -acabó diciendo Resdán.
-?Y vosotros? Nos han enseñado vuestro destierro a través de pantallas dispuestas a lo largo de aquellos precipicios, también han colocado telescopios para disfrutar de la intimidad de las personas que se atormentan allí dentro tras el cambio, es espantoso, querer crear seres prehistóricos de una raza que posiblemente es la más moderna del planeta, repito, es espantoso, -Raúl se retorcía un mechón de pelo de
su negra cabellera al hablar.
Los días que permanecimos separados daban pie a una charla basada en el intercambio de pareceres y vivencias, alguien disfrutaba describiendo cómo había luchado contra "ogros y gigantes" en no se qué aventura cuando dos hombres de aquellos, vestidos de militar, nos hablaron.
-?Qué, os han quedado ganas de salir sin nuestra compañía? -oí que decía uno- Vuestros compañeros han disfrutado viajando por las tierras que hemos limpiado de intrusos destructores.
-Salimos ahora en un vuelo de rutina -dijo el otro- os ofrecemos nuestra nave para despejaros, acariciar las nubes y respirar las ilusiones de unas gentes que encontraron su propio amanecer.
Los seis nos levantamos y los seguimos, en el cómodo vehículo seguiríamos contándonos peripecias si el ambiente nos aburría. Nos elevamos hacia las nubes con rapidez, luego, con la potencia propia de un proyectil lanzado por su carabina salimos despedidos por los aires.
La ilusión por haber despertado de nuestro singular destierro se reflejaba, sobre todo, en el rostro casi psicópata de Ismael, en su cara se advierte la sonrisa inconfundible del niño que acaba de organizar una travesura. El halcón revolotea sobre su territorio vigilante acariciando las brisas de su poder. Desparramábamos nuestras sensibilidades por estos paisajes desérticos, incrédulos oteamos aquí y allá, el panorama es desolador, sólo se respira vida en las poblaciones m s pequeñas y en algún que otro rancho.
-Ha quedado todo libre de ratas, vosotros mismos podéis constatarlo, hasta el rincón m s escondido ha sido liberado de la presencia devastadora de esos energúmenos -uno de los pilotos se enardecía hablando de esta manera-, el alivio que sentir la tierra sin ellos se confundir con el placer que nuestros aliados y nosotros mismos notaremos en el corazón, las sienes y los sentidos; su machacona superioridad cada día más prepotente se hacía insoportable, la forma como nos trataban sintiéndose seguros de que nos humillaban día tras día rompiéndonos nuestras posibilidades como seres humanos, los hundió en su propia realidad. Hace tres años que los peones del programa llamado "la libertad" comenzamos a gestar entre tinieblas las bases de lo que hoy es una realidad, éramos pocos pero con ilusión y entusiasmo y sobre todo, con la contundencia que la fuerza de la razón ha iluminado nuestros pasos hemos reconquistado nuestro propio territorio -aquel hombre siguió hablando-, cuánto tiempo sin identidad, cuántos llantos ahogados bajo el hacha de esas ratas expulsadas de sus orígenes en la mayoría de los casos, cuánto dolor y miseria. No toleraremos nunca más ni invasiones ridículas ni asentamientos concedidos, esta realidad que con fervor estamos viviendo nos enriquecer los genes, lucharemos contra nuevos intrusos para que la necesidad adquirida en forma de libertad nunca más nos la roben.
Al acabar nos miramos los seis, el discurso que nos ha propinado relaja las partículas vitales de cualquier ser humano.
Nos ofrecen imágenes de decenas de ciudades asoladas; Resdán al mismo tiempo que los pilotos nos enseñan sus hazañas, comienza a hablar.
-No me explico que tanta gente haya podido ser eliminada, este pedazo de continente se poblará de vegetación y se llenará de vida salvaje en cuatro años, los hombres y mujeres....

Un blanco resplandor tan potente que al levantar la mirada me cegó, brilló en mi conciencia unos minutos. ....que han quedado, reinarán sobre estas tierras conscientes de que el pegajoso parásito que los gobernaba nunca más volverá, no más cuatreros, ni cowboys, ni pistoleros.
Así acababa diciendo Resdán, uno de los personajes de la novela que con entusiasmo leí durante el trayecto.
Escuchando a Resdán acabé olvidando el sufrimiento físico padecido y convirtiendo el esférico volador en un Boeing convencional del año mil novecientos noventa y dos. me alegré al descubrir allí abajo los puntiagudos y característicos rascacielos que componen la ciudad de Nueva York.
Uno de los pilotos con la voz un tanto metálica nos apunta a los pasajeros:
-El secreto de los misterios de esta ciudad os aguardan, no es fácil vivir en ella sin caer en el hechizo de su descomunal y mastodóntica estructura de lugar, de superhombres y mujeres. Abróchense el cinturón, vamos a aterrizar...
Espero encontrar la ciudad en su estado natural ,pienso.
La realidad vivida en este sueño, originado por la ilusión posiblemente subrealista de mis principios prehistóricos no la descarto como posibilidad realizable, el año dos mil cuarenta y dos, fecha en que se desarrollar tan importante acontecimiento, invito a viajar a estas tierras sólo a aventureros y excépticos, la madurez debidamente empedrada en las mentes de unas gentes destruir la superfluidad heredada tras el bochornoso caminar por pasarelas de oropel con que otras personas erigen sus pensamientos.

Fuera del tiempo comienzo a vivir, los detalles del presente iluminan la ansiedad conque acaricio este momento, empapo mi esperanza con la savia que desprende el árbol genealógico de la vida, ayer un adiós se confunde en mi añoranza, los gritos de la historia se desprenden de su eco en el abismo de un atardecer, comienzo hoy el delicado peregrinar por el difuminado paisaje que comprende el mapa subrealista de una persona, ilumino mi pensamiento, abro mi corazón y saboreo con entusiasmo el principio de una ilusión, los poderes que me atribuyo hoy son fantasmagóricas ideas de las que mañana descubriré su realidad. Canto el despertar, un corro de pasiones desdobla sus alabanzas ahuyentando la calma de mi soledad, me invento el placer, recojo a puñados el polen que verifica la autenticidad de mi existencia, un duelo de equilibrios desata sus coléricas formas humanoides, hablo en público, comienzo, subo al anfiteatro de los tiempos y hojeo el resumen que un día recordaré desde una butaca recostado quizá con la cabeza apoyada en el bastión de un pensamiento.
Despierto, contamino mis pasiones de ilusión, aspiro el encanto de un amanecer yermo de vanidades, destruyo el pedernal que origina el destello contaminador y encamino la mirada hacia el infinito a lomos de un invisible resplandor.
Firmado: Un partícipe activo del Programa de Liberación. Así dice el arrugado papel que con sorpresa extraigo del bolsillo derecho del pantalón, un escalofrío recorre mi persona, no tanto por el hecho de comenzar a descender para aterrizar si no por el misterio gratuito en el que me estoy adentrando. Me abrocho el cinturón y con una sonrisa le guiño el ojo a la joven pecosa quien con una pícara mirada y tras leer un escrito que sostiene en sus manos, corrobora y sin lugar a dudas, el pensamiento que me distrae del cosquilleo que representa tomar tierra después de varias horas de vuelo.

ANDRES HINAREJOS MONTANO
BARCELONA 22/9/1992.